Los Incendios en Europa, que han sido los mayores registrados, nos dan cuenta, que son producto de una combinación de varios factores como las olas de calor y por ende los incrementos en la temperatura; las sequías prolongadas y un tercer elemento, que es son los vientos llamados “erráticos”. En cuanto a las temperaturas, se tienen registros que desde mayo, se habían superado los registros históricos, con incrementos, como sucede en Francia, de 7.5 grados por encima del promedio. Y los expertos señalan también, que el calor extremo facilita que las llamas avancen a velocidades superiores a los 30 Km/hora
Y ya no digamos sobre la superficie afectada, que ronda entre las 423.784 hectáreas quemadas, cifra que supera en más de 206.000 hectáreas el promedio habitual.
Y lo que se señala es que el país más afectado es España, con más de 152.000 hectáreas afectadas, cuyo principal daño se concentra en la región del mediterráneo (Solo durante el mes de julio, se declararon 17 Grandes Incendios Forestales, el doble de la media histórica)
Estos incendios han provocado no sólo la pérdida de recursos forestales y, bienes patrimoniales de las personas afectadas. Así como la pérdida de vidas.
Más allá de las anteriores consecuencias, también encontramos la evacuación y migración forzada por los incendios, de más de 250,000 personas que han sido evacuadas en Francia y España, sin contar las de otros países como Italia y Portugal.
En términos generales, los incendios han provocado impactos ambientales severos como: la pérdida masiva de biodiversidad, la degradación y erosión severa de los suelos, y la emisión de enormes cantidades de gases de efecto invernadero. Además, deterioran de forma grave la calidad del aire a nivel regional y alteran los ciclos del agua.
Y de manera específica se tuvo:
- Una pérdida de biodiversidad y ecosistemas, con la muerte de fauna, consistente en animales silvestres, ya sea por muerte o la pérdida de sus hábitats naturales.
- Asimismo, la destrucción de flora, ya que las especies vegetales endémicas desaparecen por completo.
- Y por otra parte, la ruptura de cadenas, al verse dañadas las redes de alimentación y los refugios naturales.
- Y sin faltar también, la degradación del suelo y su desertificación, además de la erosión acelerada, considerando que la falta de raíces deja el terreno expuesto a lluvias y vientos.
Lo que también trae consigo, la pérdida de nutrientes.
Así tenemos que el fuego destruye la materia orgánica y la capa fértil.
Lo que al final, incrementa el riesgo de desertificación, en tanto que los suelos quemados pierden la capacidad de regenerarse.
De igual manera se tiene como impacto ambiental la contaminación atmosférica y cambio climático, por las emisiones de carbono, al liberarse dióxido de carbono (CO₂) acumulado, con lo cual se transforma a los bosques, en emisores netos.
Asimismo, se generan partículas finas y gases nocivos que afectan la salud humana.
Y por lo que ve a los Impactos en los recursos hídricos, tenemos la contaminación de ríos, ya que las cenizas y sedimentos son arrastrados hacia embalses y cauces.
Pero no menos importante resulta una menor infiltración, debido a que el suelo impermeable incrementa el riesgo de inundaciones repentinas.
Ya desde la estrategia forestal de la UE para 2030, reconocía que las crecientes amenazas del cambio climático para los bosques europeos, podría aumentar el riesgo de incendios forestales, plagas y enfermedades. Por ello, uno de sus objetivos principales, de la estrategia, es proteger, restaurar y ampliar los bosques de la UE para combatir el cambio climático, revertir la pérdida de biodiversidad y garantizar ecosistemas forestales resilientes y multifuncionales. De esta forma, la estrategia aboga por una gestión forestal que incremente la biodiversidad y haga que los bosques sean más resistentes a las perturbaciones relacionadas con el clima.
Entonces podemos entender que lo fundamental es prevenir o evitar los incendios, de ahí que los trabajos de prevención, planificación y preservación resultan fundamentales para reducir el número de incendios forestales y, por tanto, su impacto en el entorno.
- Entre las acciones de prevención podemos citar algunas de ellas, como lo son:
No generar o dejar residuos (que sirvan como combustible) que puedan provocar un incendio
- No hacer fuego en época de incendios y en su caso, apagar las fogatas (y si lo haces, elige un sitio alejado de árboles, hojarasca y pastos).
- En terrenos forestales, pastizales y zonas rurales evita el uso de maquinaria y el tránsito de vehículos que emitan chispas.
- Aumentar la concienciación ambiental
- Aplicar la ley y aumentar los controles
- E impulsando una educación ecosocial para una nueva cultura del fuego
- No dejar vidrios o pedazos de envases de vidrio que puedan servir como lupas para provocar el inicio de un incendio.
- Realizar brechas cortafuegos con previa anticipación.
Y aunque sabemos que el fuego ha servido para la evolución ecológica, ya que ha actuado durante millones de años como una fuerza evolutiva y un disturbio natural fundamental que moldea la estructura, la diversidad y los ciclos de nutrientes de los ecosistemas terrestres, propiciando adaptaciones biológicas específicas en la flora y la fauna de los hábitats (y que es anterior al ser humano), trae impactos positivos como
- La limpieza de biomasa que, quema y mineraliza de manera rápida la materia orgánica muerta, evitando acumulaciones excesivas que propiciarían siniestros mayores.
- También está el reciclaje de nutrientes, que es un retorno acelerado de minerales esenciales como fósforo, potasio y calcio al suelo, fertilizando el lecho vegetal.
- Y la heterogeneidad del paisaje con la creación de diversos mosaicos ambientales a diferentes etapas de sucesión ecológica, lo que incrementa la biodiversidad general.
Desde principios del siglo XX, los regímenes de incendios en varias regiones del planeta se han visto alterados por causas de origen humano. Como consecuencia de ello, la virulencia de los incendios ha aumentado progresivamente hasta la llegada de los grandes incendios forestales –aquellos que superan la capacidad de gestión de los servicios de extinción–los cuales dejan de ser una perturbación intermedia que genera servicios ecosistémicos para pasar a ser una amenaza para la biodiversidad y las personas.
Algunos autores señalan que hay factores como el aumento de la biomasa acumulada, la emergencia climática y la urbanización dispersa que han alterado los regímenes de incendios de los ecosistemas, dando lugar a las nuevas generaciones de grandes incendios forestales (GIF).
Los incendios de última generación como se les ha llamado ahora, son los considerados “megaincendios” por su comportamiento extremo. Estos incendios, obviamente, no están dentro de los regímenes sostenibles –pues son ajenos a los tipos de incendios que han tenido lugar en la historia evolutiva de los paisajes (los incendios de baja intensidad a menudo sí son propios)
Por ello, hay que señalar que, en la actual proporción como se ha venido presentando en Europa, causa mayores impactos negativos que positivos.
Por último, diremos que las políticas forestales y de reforestación deben coordinarse con los planes climáticos nacionales, estatales y municipales, priorizando bosques diversos con especies nativas, maduros y resilientes frente a sequías, incremento de temperaturas, escases de agua e islas de calor.






