A un mes del registro de los aspirantes de Morena en Querétaro, ya se empieza a separar la campaña de verdad de la utilería. Hay quienes llenan Facebook, quienes todavía viven del nombre que construyeron hace años y quienes levantaron la mano únicamente para conseguir una silla cuando llegue la negociación.
En medio de esa grilla, Luis Humberto Fernández dejó de ser el invitado al que nadie tomaba en serio. Comenzó abajo, recuperó terreno y se metió en una pelea donde varios ya se sentían dueños de la candidatura. No encabeza todas las encuestas ni necesita salir cada mañana a gritar que ya ganó. Lo suyo se empieza a ver en otra parte: ocho municipios, reuniones, calle y una ruta que, por lo menos, no depende de repetir la misma fotografía veinte veces.
Todavía le falta bastante. Tampoco hay que subirlo a un ladrillo para marearlo. Pero ya está metido y eso, a estas alturas, tiene inquietos a quienes pensaron que la interna sería un paseo.
Ahí aparece el sanjuanense.
Sus operadores quieren vender una estructura estatal que no se ve por ningún lado. Publica mucho, eso sí. El problema es que cuando uno se pone a revisar el material, la supuesta campaña permanente empieza a parecer álbum familiar.
En Lomas de Casa Blanca aparece el mismo chaleco, el mismo acompañante y la misma escena de una publicación anterior. En Barrio Cosmos se repiten ropa, materiales y personajes. Hasta se les fue una fotografía con una lona de “2 de junio, vota”, propia de la campaña de 2024, difundida después como parte de la nueva caminata territorial.
No pasa nada por reciclar una foto. Todos lo hacen. Lo chistoso es querer venderla como nueva para fingir que se recorrió otra colonia.
Cinco videos de la misma caminata siguen siendo una sola caminata.
Una estructura se nota. Tiene operadores propios, liderazgos municipales, comités que funcionan, capacidad de convocatoria y gente que se mueve sin esperar la orden del chat. El sanjuanense muestra publicaciones, propaganda y comentarios repetidos. Lo que todavía no enseña es esa maquinaria estatal que sus cercanos juran que ya tiene amarrada.
Mientras él acomoda el archivo, Luis Humberto sigue caminando. Sin tanta matraca, pero avanzando. Y en una interna larga pesa más quien todavía puede crecer que quien lleva meses explicando por qué todos deben reconocerlo como ganador.
Gilberto Herrera se fue borrando solo. Durante años vivió de la universidad, de la militancia dura y de ese personaje de rebelde que le servía para mantener ocupados a los mismos de siempre. Después del registro desapareció. Cuatro publicaciones en un solo día no son una estrategia brillante. Es dejar la silla vacía y esperar que alguien siga guardándole el lugar.
Gilberto ya no marca agenda ni asusta a nadie. Sigue hablando para su tribu, pero el problema es que esa tribu no alcanza para ganar Querétaro. Una cosa es juntar a los convencidos y otra muy distinta convencer a quienes jamás votarían por Morena. Ahí no ha crecido un centímetro.
Beatriz Robles aparece en algunas mediciones y tiene menos negativos, pero tampoco termina de arrancar. Está, participa, declara y seguramente llegará con argumentos a la mesa. Hasta ahí. No ha construido una historia capaz de mover la interna ni una operación que obligue a los demás a cambiar de planes.
Ricardo Astudillo entendió mejor el negocio. Tiene al Verde, acuerdos, algunos liderazgos y un lugar asegurado en el reparto. Puede negociar, cobrar caro su respaldo y salir ganando sin haber estado cerca de encabezar la coalición. Astudillo ya ganó sin participar de verdad; lo suyo no parece candidatura, parece factura.
Y mientras Morena se entretiene contando reacciones, el PAN sigue adelante.
Sea Felifer Macías o Luis Nava, el panismo parte con gobiernos, operadores, estructura municipal y una marca que todavía conserva ventaja. Eso no significa que la elección esté resuelta, pero sí que Morena no va a quitarle el estado con fotos viejas, discursos para militantes o aspirantes que creen que Querétaro termina donde empieza su grupo de WhatsApp.
Lo que viene es una pelea por la supervivencia y el crecimiento de Morena en el estado. No basta con competir. Necesitan construir un proyecto inteligente de gobernanza, entender la economía queretana, la seguridad, el agua, la movilidad, la relación con empresarios, profesionistas, trabajadores y clases medias que no compran cualquier discurso.
Ahí no ayuda Gilberto, encerrado en una conversación que no sale de su círculo. Tampoco ayuda el sanjuanense, más preocupado por aparentar fuerza que por demostrarla. Uno empequeñece al partido y el otro quiere usarlo como vehículo personal.
Luis Humberto tampoco tiene permiso para dormirse. Tendrá que escuchar, cumplir acuerdos, dejar de lado a los aduladores y evitar la mentira fácil que termina pudriendo cualquier proyecto.
Pero hoy, a un mes del registro, es quien viene creciendo mientras los demás reciclan, negocian o desaparecen.
El sanjuanense tiene más publicaciones.
Luis Humberto tiene más calle.
Ahora falta convertirla en estructura.
A chambear.







