Hay una frase que todos hemos escuchado alguna vez: “la incertidumbre mata”. Normalmente la usamos para hablar de la espera o de la ansiedad. Pero, cuando se trata de políticas públicas, la frase adquiere un significado mucho más profundo. La incertidumbre no solo desgasta; también detiene decisiones, encarece proyectos y, poco a poco, termina afectando la vida cotidiana de miles de personas.
Hace unas semanas escribía sobre el nuevo andamiaje jurídico del agua en México. La aprobación de la nueva legislación representa un paso importante. Reconoce al agua como un derecho humano y busca construir un modelo de gestión más ordenado, transparente y sostenible. Ese avance merece ser reconocido.
Sin embargo, las leyes necesitan trabajo para transformar la realidad. Necesitan reglas claras que permitan aplicarlas. Necesitan reglamentos que indiquen cómo se ejercerán los derechos, cómo se resolverán los trámites, bajo qué criterios actuarán las autoridades y cuáles serán las obligaciones de todos los actores.
Mientras esas reglas no existan, la incertidumbre ocupa su lugar.
Podría parecer un problema exclusivamente jurídico, pero, en realidad, termina siendo un problema económico y, sobre todo, social.
Las grandes inversiones que hoy compiten por llegar a estados como Querétaro no se planean para uno o dos años. Una planta industrial, un parque tecnológico, un centro de datos, un desarrollo urbano o una nueva infraestructura hidráulica son proyectos diseñados para operar durante treinta o cuarenta años. Antes de comprometer miles de millones de pesos, quienes invierten necesitan que una pregunta muy sencilla sea respondida con absoluta claridad: “¿Habrá reglas estables para garantizar el acceso y la gestión del agua durante toda la vida del proyecto?”.
Cuando esa respuesta no existe, el dinero simplemente espera. O, peor aún, busca otro destino.
Diversos estudios del Banco Mundial muestran que la incertidumbre asociada al agua y a la infraestructura hídrica reduce la inversión, disminuye la productividad y limita el crecimiento económico. La OCDE ha insistido en que una buena gobernanza del agua es una condición indispensable para la competitividad y la estabilidad económica.
Pero el verdadero costo no lo pagan únicamente las empresas.
Cada inversión que se pospone significa empleos que no se crean. Organismos internacionales han documentado que la inversión productiva impulsa la generación de empleo, mejora los salarios y eleva el ingreso de los hogares. En sentido contrario, cuando la inversión se desacelera, las consecuencias suelen aparecer en forma de menor empleo formal, mayor informalidad, salarios más bajos y menor dinamismo económico.
Por eso, la certeza jurídica es, en realidad, una garantía para quienes trabajan.
Querétaro entiende mejor que muchos estados esta realidad. Nuestro crecimiento ha sido posible gracias a una combinación de talento, infraestructura, estabilidad institucional y confianza. Sin embargo, también enfrentamos una presión creciente sobre nuestros acuíferos y un contexto en el que cada decisión relacionada con el agua tendrá consecuencias durante las próximas décadas.
Hoy la pregunta ya no es únicamente cuánta agua tenemos.
La verdadera pregunta es si seremos capaces de construir las reglas que permitan utilizarla con responsabilidad, protegerla para las siguientes generaciones y, al mismo tiempo, ofrecer la certeza necesaria para que continúe llegando inversión que genere prosperidad.
La certeza: es una de las formas más eficaces de proteger el bienestar de las personas y construir un futuro en el que el agua sea, al mismo tiempo, un derecho garantizado y una palanca para el desarrollo sostenible.
La reforma hídrica fue un acto de ambición institucional y merece reconocerse como tal. Pero una ley sin reglamento es una promesa a medias, y las promesas a medias erosionan justamente aquello que la reforma buscaba construir.
Hay tiempo para corregir el rumbo. Que se publiquen los reglamentos, que se abra el proceso a quienes conocen el territorio y que la certeza deje de ser una espera para convertirse en un punto de partida.






