Los negociadores comerciales de Estados Unidos y México se reúnen este martes para celebrar una tercera ronda de conversaciones bilaterales con el objetivo de intentar avanzar en la revisión del acuerdo comercial norteamericano, justo cuando el Presidente Donald Trump impone a Canadá una nueva serie de aranceles punitivos contra su comercio internacional.
Las conversaciones, de las que queda excluido Canadá, tendrán una duración prevista de tres días y constituyen las primeras deliberaciones formales sobre los cambios en el Acuerdo entre Estados Unidos, México y Canadá (T-MEC) desde que la Administración Trump se negara, el 1 de julio, a prorrogar el pacto comercial regional, vigente desde hace seis años.
Esta medida ha puesto en marcha el proceso para la expiración del tratado en un plazo de 10 años, a menos que los tres países logren ponerse de acuerdo sobre mejoras. Los grupos empresariales han instado a Trump a mantener intacta la estructura trilateral y el acceso prácticamente libre de aranceles que sustenta un comercio anual de casi 1.6 billones de dólares.
El nuevo Embajador de México en Washington, Roberto Lazzeri, declaró el viernes que México esperaba alcanzar un nuevo acuerdo antes de que termine el año, y que cree que Estados Unidos y Canadá persiguen el mismo objetivo.
Lazzeri, antiguo banquero de inversiones y funcionario de la Secretaría de Hacienda, alertó sobre el riesgo de perder competitividad, cuota de mercado e inversión para los tres países, a los que, en su opinión, conviene llegar pronto a una solución.
Añadió que el país latinoamericano comparte el objetivo de la Administración Trump de atraer más industria manufacturera a América del Norte, incluido Estados Unidos. Otro objetivo clave para México es conseguir cierto alivio frente a los aranceles de seguridad nacional impuestos por Trump, del 25% sobre los automóviles mexicanos y del 50% sobre sus productos de acero y aluminio, aranceles que también se aplican a Canadá.
Las conversaciones se producen un día después de que la Administración Trump anunciara nuevos aranceles sobre productos canadienses por valor de casi 20 mil millones de dólares, en respuesta a los aranceles de represalia de Ottawa sobre los automóviles, el acero, el aluminio y las bebidas alcohólicas estadounidenses, así como a sus elevados aranceles sobre los productos lácteos.
Las discrepancias trilaterales
Esta medida agrava una brecha que ha mantenido a Canadá en gran medida al margen de las negociaciones del T-MEC, ya que, según ha señalado el representante comercial de Estados Unidos, Jamieson Greer, ha habido pocos avances en lograr las concesiones que busca su país.
El Primer Ministro canadiense, Mark Carney, afirmó en un comunicado que su Gobierno había presentado propuestas exhaustivas para resolver las disputas comerciales con Washington, y añadió que los aranceles impuestos anteriormente por Trump violaban el acuerdo comercial norteamericano.
Greer, por su parte, ha elogiado a México por no haber tomado medidas de represalia ante los aranceles estadounidenses y por su enfoque pragmático en las negociaciones, que incluyen esfuerzos para armonizar los controles de exportación de México con los de Estados Unidos, medidas para proteger los derechos de propiedad intelectual y pasos para frenar la exportación de aguacates cultivados en terrenos deforestados ilegalmente.
Las conversaciones en la capital mexicana profundizarán en los detalles técnicos del comercio entre Estados Unidos y México en materia de automóviles, acero, aluminio, agricultura y trabajo, según la oficina de Greer.
Presión de Washington a la industria automotriz china
El intercambio de puntos de vista también se centrará en la seguridad económica, término utilizado por la representación comercial de Estados Unidos (USTR, por su sigla en inglés) para referirse al refuerzo de las protecciones comerciales regionales con el fin de impedir que China y otros países asiáticos utilicen a México y Canadá para acceder al lucrativo mercado estadounidense en condiciones preferenciales.
La creciente presencia de China en el mercado automovilístico mexicano representa un posible motivo de fricción en las negociaciones. Reuters informó el lunes de que las nuevas cifras de distribución en el sector mostraban que las ventas de coches chinos aumentaron un 30% en el primer semestre de 2026, a pesar de los aranceles del 50% impuestos en enero, y que las marcas chinas aumentaron su cuota de mercado al 17% desde el 14% del año anterior.
Fuentes cercanas a las negociaciones han señalado que Estados Unidos quiere que sus socios norteamericanos establezcan barreras comerciales similares para los productos no regionales, incluidos los vehículos, las piezas de automóvil, el acero, el aluminio y otros componentes.
Durante las negociaciones bilaterales del T-MEC con México en mayo, el USTR propuso exigir que el 50% del valor de los vehículos fabricados en América del Norte procediera de Estados Unidos, lo que supone un cambio significativo con respecto a las normas actuales y un ajuste difícil para los fabricantes de automóviles con cadenas de suministro regionales altamente integradas.
Greer, de la USTR, afirma que el creciente déficit comercial con México -que se ha beneficiado del desplazamiento de las cadenas de suministro fuera de China debido a los aranceles aplicados en el pasado- sigue siendo una preocupación clave para Trump a la hora de considerar el futuro del tratado. Esa brecha aumentó en 28 mil millones de dólares, es decir, un 17%, hasta alcanzar los 197 mil millones de dólares en 2025, según datos de la Oficina del Censo estadounidense.






