La estrategia fiscal que han seguido los diferentes gobiernos de México desde que inició el actual siglo ha sido fallida, aseveró Mauricio González, socio fundador de GEA Grupo de Economistas y Asociados.
Los ingresos han sido insuficientes para financiar el gasto público y los déficits fiscales y el endeudamiento creciente se han vuelto una condición crónica de las finanzas gubernamentales, explicó.
Además, abundó, la deuda pública con respecto al Producto Interno Bruto (PIB) ha crecido significativamente: en el año 2000, el cociente de deuda pública sobre el PIB representó 29 por ciento.
Para el cierre de 2025 se elevó a 53 por ciento y la perspectiva es que en poco tiempo rebase 60 por ciento, lo que provocaría pérdida del grado de inversión, mayor costo del crédito de la economía mexicana y una turbulencia financiera innecesaria, advirtió el autor en una reciente investigación desarrollada para el Instituto Mexicano de Ejecutivos de Finanzas, publicada el 14 de julio.
Este deterioro proviene de cinco aspectos fallidos de las finanzas públicas que requieren atención específica para corregirse, aseguró.
Las grietas que hunden el presupuesto gubernamental
El primero es un gasto público creciente y cada vez más rígido.
Después un deterioro importante de la inversión gubernamental para proveer servicios públicos básicos.
A estos dos se le agrega la incapacidad para elevar los ingresos públicos en una magnitud suficiente para solventar los gastos.
Así como un modelo operativo de Pemex que absorbe más recursos financieros de los que genera y, por último, un balance primario (diferencia entre ingresos y gastos distintos de intereses) negativo que representa la necesidad del Gobierno de endeudarse para pagar los intereses de sus pasivos y algo más.
Las finanzas de Pemex, abundó, han sido una carga enorme y creciente para el Gobierno federal debido a la obstinación de que México sea autosuficiente en petrolíferos.
La ilusión de la soberanía energética
“Esta visión equivocada de la soberanía energética ha ocasionado que Pemex genere pérdidas por aproximadamente 100 mil millones de dólares entre 2019 y el primer trimestre de 2026, curiosamente parecidas al monto total de sus pasivos antes que el Gobierno federal acudiera en su auxilio para reducirlos.
“Dicho de otra forma, de haberse seguido una estrategia de negocios distinta para Pemex, la principal empresa del País habría podido reducir su deuda con mérito propio y sin agravar las finanzas federales. En tanto esto persista, es muy posible que Pemex continúe reflejando pérdidas con cargo a unas finanzas del Gobierno federal cada vez más debilitadas e incapaces para soportar esa carga”, resaltó.
Para el experto, una estrategia fiscal no fallida se sustenta en revisar a fondo el gasto público, disminuir su rigidez estructural y favorecer ahorros en el manejo de los recursos públicos; evaluar obligatoriamente los proyectos de inversión pública y rendir las cuentas respectivas para evitar el dispendio y la mala asignación de recursos presupuestales.
También contempla incrementar los ingresos públicos, sin gravar excesivamente a los contribuyentes actuales, diseñar un sistema impositivo en el que todos los segmentos de actividad económica contribuyan al erario, modificar radicalmente el modelo operativo o de negocios de Pemex para que deje de ser una carga creciente a las finanzas federales y establecer un programa para revertir el déficit primario de su magnitud actual a un superávit primario de al menos 1 por ciento del PIB, consistentemente.
“De no actuar pronto y en el sentido correcto en la gestión de las finanzas públicas, los recursos que aporta la sociedad para el funcionamiento de los programas gubernamentales rendirán cada vez menos beneficios sociales”, finalizó.






