Asistentes a los festejos en el Ángel de la Independencia y las inmediaciones de Paseo de la Reforma tras el triunfo de México contra Ecuador relataron los momentos de angustia que sufrieron entre la ola humana que dejó cuatro muertos.
“Dejé de sentir el suelo, lo que pisaba eran los cuerpos de personas tiradas en el piso”, contó uno de los aficionados y testigos.
Una persona salía y entraban otras 50, calculó la fuente de este relato.
“No había espacio para alejarse del sitio, se empezó a apretar la gente cada vez más hasta que no se podía respirar (…). Toda la masa de gente se empezó a mecer de un lado a otro (…). No había forma de resistir“, añadió.
Gente insistía en ingresar por las orillas de la aglomeración a empujones hasta que el aliento se les fue y era imposible gritar y respirar, describió el aficionado.
“La gente empezó a pedir ayuda y a gritar, y a llorar, decían ‘ayúdenme traigo un niño o traigo una niña’, pero ya nadie podía ayudar a nadie, otros decían ‘aquí hay mujeres aquí hay niños’; otros le gritaban a los pocos policías (), pero el ruido de los festejos era más fuerte”, relató.
“Empezamos a sentir pisar los cuerpos de personas que ya estaban en el piso, entonces, yo sentí que ya no aguantaba más”.
Casi desmayado, con golpes y agotado logró salir y tomar una pausa mientras veía cómo otros escapaban gritando y llorando de la multitud.
Afuera, las personas y policías no advertían la tragedia que se vivía entre el tumulto, relató el entrevistado.
Christian Ascensio Martínez, profesor del Centro de Estudios Sociológicos de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, apuntó que los hechos evidenciaron omisiones en protocolos de Protección Civil y Gestión Integral de Riesgos.
Sin embargo, explicó que las celebraciones en colectividad son una necesidad humana que tienen que garantizarse por el Estado.
Testimonios de una noche de euforia y tragedia
“Los festejos no es algo que se tiene que prohibir, pero sí es necesario atender, gestionar esto desde las autoridades, porque es un desafío de gobernanza“, dijo.
Apuntó que el Ángel es un punto atractivo para festejar por su dimensión simbólica y resulta idóneo cuando el fervor por el futbol es nacionalista.
“Tiene qué ver con la identidad colectiva, con el sentimiento de pertenencia, con la posibilidad que encuentran las personas de compartir símbolos y el futbol es uno de estos ejemplos“, indicó Martínez.
Por los hechos ocurridos quienes tienen que asumir la responsabilidad son las autoridades y los organizadores, añadió.
Consideró que las omisiones en los protocolos se tendrán que subsanar por las autoridades el domingo, tras el partido entre México e Inglaterra.
Tras la muerte de cuatro personas durante los festejos, apenas quedaron rastros de lo que ocurrió la noche del martes y la madrugada del miércoles.
En la esquina de Paseo de la Reforma y Lancaster, un hombre y una joven fueron aplastados por otros aficionados durante un tumulto de hinchas.
El sitio está flanqueado por un banco, un hotel y dos torres de oficinas.
Las fallas en la gestión del riesgo masivo
El miércoles al mediodía la vialidad aún estaba cerrada a la circulación y hubo presencia de agentes de la Fiscalía, quienes trabajaron para recabar evidencias de lo ocurrido.
A unos 150 metros de ahí, en el cruce de Florencia y Berna, una mujer fue encontrada inconsciente. Mientras que en la esquina de Río Tíber y Río Lerma, del otro lado de Reforma, un hombre sufrió una crisis epiléptica.
Los cuerpos de las cuatro víctimas ya fueron entregados a sus familiares por las autoridades.









