Virginia Hernández Vázquez
Hay eventos que unen a millones de personas al mismo tiempo. Los vemos en la música, en los conciertos y, por supuesto, en el futbol. Estamos en medio de una fiesta deportiva en la que las calles se llenan de emoción, las familias se reúnen y las conversaciones giran alrededor de los partidos, las playeras y la ilusión de ver ganar a México.
Y aunque es normal hablar de la fiesta, la emoción y todo lo que representa un evento deportivo de esta magnitud, también vale la pena hablar de algo más: la responsabilidad que tenemos de cuidar a nuestras niñas, niños y jóvenes.
La violencia y explotación sexual infantil no son problemas lejanos. Son delitos que ocurren todos los días y que pueden intensificarse en contextos de alta movilidad y exposición.
Las cifras son alarmantes. Se estima que 4 de cada 10 niños y 6 de cada 10 niñas sufrirán algún tipo de abuso sexual antes de cumplir los 18 años. Además, 7 de cada 10 agresores sexuales son familiares o personas conocidas por las víctimas.
Por eso es necesario poner sobre la mesa la urgencia de este problema, y generar conciencia sobre la importancia de prevenirlo. Muchas veces pensamos que estas situaciones son ajenas a nuestra realidad, cuando pueden ocurrir en lugares públicos, en la escuela o incluso en espacios que consideramos seguros.
Como jóvenes solemos ser muy activos en redes sociales, las utilizamos todos los días y convivimos constantemente en espacios públicos y virtuales. La tecnología nos ha abierto enormes oportunidades para comunicarnos, aprender y conectar con otras personas, pero también nos exige actuar con responsabilidad.
Lo he dicho antes, internet es una gran herramienta, pero también implica riesgos que debemos aprender a identificar. Tenemos que ser conscientes de con quién hablamos, qué información compartimos, qué consumimos y qué señales de alerta no debemos pasar por alto. Cuidarnos también significa estar atentos y ayudar a proteger a quienes nos rodean.
La protección, seguridad y bienestar de las niñas, niños y jóvenes es una responsabilidad compartida. Los grandes eventos nos dejan buenos recuerdos. Pero hagamos que también nos dejen una lección importante, que disfrutar, convivir y celebrar siempre será mejor cuando aprendemos a cuidarnos entre todas y todos.
Porque la mejor jugada también es proteger.








