Quienes guardan silencio y perdonan las imbecilidades y atracos de sus gobernantes, los merecen y están bien representados.
Es cobarde y suicida que en vez de indignarse y actuar, aplaudan y se sometan por temor a represalias, alegando “al fin que todos los gobiernos son iguales”.
Ciertamente, no deben distraernos mucho las cotidianas gansadas palaciegas, que nos producen carcajadas acompañadas con rechiflas y trompetillas. Sí, es para nuestro divertimiento ver a la “científica” derrochando ciencia y recomendarnos que “para que nos cueste menos la electricidad pues debemos consumir menos electricidad”. También, cuando nos ilumina como un sol diciendo que “La energía solar solamente la podemos aprovechar cuando sale el sol”; o que “Patria se escribe con A de mujer”; o con su simpático desliz de ”que siga la corrupción”; o usando la Bandera y la Soberanía de taparrabos.
No obstante, también hace afirmaciones que son sumamente perniciosas, porque evidencian su pobreza intelectual, su negación de la realidad, su irresponsabilidad y su pedestre incompetencia. Recientemente nos regaló una parrafada que la desnuda y que avergonzaría a cualquier gobernante con un mínimo de talento y pudor. Afirmó textualmente: “Con la idea de que había que crear médicos de excelencia, pues había que hacer muy difíciles los exámenes para que no pasaran. Estamos contratando más médicos especialistas y formando el doble de médicos especialistas que los que se formaban en el neoliberalismo; porque era absurdo eso de querer exámenes difíciles para que entraran pocos y que se fueran a la medicina privada, esa es la verdad”.
Asombra hallar en tan breve relato tanta sandez, complejo de inferioridad y funesta mediocridad. Además, es trágico para los pobres que la mayoría de los médicos de excelencia salven vidas en instituciones privadas. Por algo será.
Empero, volviendo al silencio y sumisión de muchos mexicanos, entendamos de una vez que para los graves problemas de México no hay soluciones fáciles y voluntaristas, y que no lo rescatarán ningún poder extranjero, ni los locos iluminados imponiéndose a esos moralmente castrados. El destino nacional será gloriosamente luminoso gracias al esfuerzo de ciudadanos empeñados en cumplir sus deberes y ejercer sus derechos; ciudadanos comprometidos en forjar su futuro individual y colectivo; ciudadanos decididos a levantar la voz ante las injusticias, antes de que la barbarie nos acabe de someter con promesas tramposas y su fuerza bruta. En síntesis: México necesita auténticos ciudadanos que con valentía y generosidad permanentes construyamos instituciones democráticas sólidas que permitan realizarnos material y espiritualmente. Sólo así mereceremos la justicia, la paz y el progreso y nuestra soberanía será respetada dentro y fuera de México.






