Noche perfecta, llena de goles y de historia. México cerró de manera perfecta la primera fase de la Copa del Mundo, al ganar sus tres partidos, marcar seis goles, mantener su portería en cero y ser el escenario ideal para la irrupción del joven talento Gilberto Mora y la despedida del “Seis Copas”, Memo Ochoa.
El Estadio Azteca vibró con el talento de Gilberto Mora, futbolista capaz de marcar el ritmo, encontrar espacios y entender el juego con el balón. Aunque el primer tiempo fue trabado por la intensidad de República Checa, el Tri encontró claridad en la segunda mitad gracias al control y visión del juvenil mexicano.
Luis Romo, canterano de Gallos Blancos, volvió a ser un factor determinante al recuperar balones y ganar duelos. Su esfuerzo derivó en una asistencia para Mateo Chávez, quien se encaminó hacia la historia al definir con la zurda al minuto 55 para abrir el marcador.
La juventud toma el control
Durante la primera mitad, Visinsky fue el hombre más peligroso para los europeos. República Checa ajustó su planteamiento y buscó profundidad por las bandas, pero poco a poco fue perdiendo intensidad hasta desfondarse en la segunda parte.
La pelota no entiende de edades y siempre responde a quien mejor la trata. Gilberto Mora, con apenas 17 años, se adueñó del mediocampo mexicano y mostró una madurez impropia de su edad. Con él parece comenzar una nueva era, mientras en el horizonte se acercaba el cierre de otra, la de Memo Ochoa.
Al minuto 61, Mora condujo con elegancia y filtró un balón para Jorge Sánchez, quien estuvo cerca de marcar. La jugada continuó y el esférico terminó en los pies de Julián Quiñones, que no perdonó y envió la pelota al fondo para premiar su gran rendimiento durante la fase de grupos.
A partir de ese momento, el Estadio Azteca se convirtió en una auténtica fiesta. Entre cánticos de Cielito Lindo y una afición entregada, México mostró algunos de sus mejores minutos del torneo. Destacaron también Luis Romo, Obed Vargas y Roberto Alvarado, quien tuvo una sobresaliente actuación jugando más adelantado.
La despedida de una leyenda
La noche alcanzó uno de sus momentos más emotivos cuando Memo Ochoa se levantó de la banca para calentar. El histórico guardameta ingresó al minuto 77 en sustitución de Tala Rangel, portando el gafete de capitán y recibiendo la ovación de más de 85 mil aficionados en el Coloso de Santa Úrsula.
La cereza en el pastel llegó en tiempo agregado. Roberto Alvarado, junto con Obed Vargas y Álvaro Fidalgo, tejió una gran jugada colectiva que culminó con una definición magistral del español naturalizado mexicano. Fidalgo colocó el balón en el ángulo al minuto 94 para sellar la goleada.
El Estadio Azteca continúa siendo una fortaleza mundialista. En tres Copas del Mundo, México no ha conocido la derrota en el Coloso de Santa Úrsula, donde ahora esperará rival para los dieciseisavos de final.
El Tri consiguió una marca histórica con una fase de grupos perfecta. Aún hay aspectos por mejorar en el funcionamiento colectivo, pero quedó demostrado que el espíritu de unión y la confianza del equipo están más fuertes que nunca. México va de menos a más y, aunque lo más difícil está por venir, hoy tiene motivos de sobra para celebrar.





