La política mexicana tiene una larga tradición de eufemismos. Durante décadas, el sistema encontró formas ingeniosas para llamar de manera distinta a lo que en realidad ocurría. Los «tapados» eran candidatos; las «consultas» eran designaciones; los «delegados especiales» eran operadores electorales. Hoy, Morena ha perfeccionado esa vieja práctica bajo una nueva denominación: los llamados «Coordinadores Estatales de Defensa de la Transformación».
La convocatoria emitida por Morena, en alianza con el Partido del Trabajo y el Partido Verde Ecologista de México, para designar coordinadores estatales en las 17 entidades donde habrá elecciones para gobernador en 2027, constituye, en los hechos, el arranque formal de las precampañas de quienes aspiran a convertirse en candidatos a las gubernaturas. El nombre podrá ser distinto, pero la realidad política es evidente. Estamos frente a una elección anticipada de precandidatos disfrazada de un procedimiento interno partidista.
Desde la perspectiva constitucional, el asunto merece atención. El artículo 41 de la Constitución establece principios de equidad en la competencia electoral y la legislación mexicana prohíbe los actos anticipados de campaña cuando tienen por objeto posicionar a una persona ante el electorado antes de los tiempos legales. Morena sostiene que se trata de una actividad interna de organización partidista y que, por tanto, no existe infracción alguna. Jurídicamente, la defensa tiene sustento formal. Políticamente, sin embargo, resulta difícil sostener que quien resulte coordinador no será, salvo circunstancias extraordinarias, el futuro candidato o candidata a gobernador.
La propia experiencia reciente demuestra que la coordinación de defensa de la Cuarta Transformación se ha convertido en el equivalente funcional de una precandidatura. Así ocurrió con la sucesión presidencial de 2024 y con diversos procesos estatales. La diferencia es únicamente semántica. Se cambió el uniforme, pero el partido sigue siendo el mismo.
En Querétaro, la convocatoria ha provocado una auténtica ebullición política. Los registros concluyen esta semana y la lista de aspirantes refleja la intensidad de la disputa interna que vive Morena. Entre los perfiles más visibles se encuentran la senadora Beatriz Robles; el ex titular del IMPI, Santiago Nieto Castillo; los diputados federales Luis Humberto Fernández y Gilberto Herrera Ruiz; la presidenta municipal de Cadereyta, Astrid Ortega; así como perfiles impulsados por el Partido Verde. Incluso, en los corrillos políticos se menciona la posibilidad de que aparezca una candidatura inesperada: la de Celia Maya García, figura histórica del obradorismo queretano y cuatro veces candidata a la gubernatura.
La competencia no es menor. Santiago Nieto aparece con publicidad desde hace meses en distintos ejercicios demoscópicos y ha construido una narrativa que parece no le alcanzará. Gilberto Herrera conserva una importante estructura interna derivada de su influencia histórica en Morena Querétaro. Luis Humberto Fernández ha incrementado su presencia territorial y legislativa. Beatriz Robles busca capitalizar su posición en el Senado y su cercanía con sectores de la dirigencia nacional. Mientras tanto, Astrid Ortega representa una apuesta de renovación generacional y territorial. La eventual participación de Celia Maya alteraría significativamente cualquier cálculo previo, pues mantiene reconocimiento entre la militancia fundadora del movimiento.
La consecuencia inmediata de este proceso será el adelantamiento de los tiempos políticos en Querétaro. Aunque el proceso electoral constitucional todavía se encuentra distante, la realidad es que la carrera por la gubernatura ya comenzó. Los aspirantes recorrerán municipios, buscarán posicionamiento mediático, fortalecerán estructuras territoriales y medirán fuerzas internas durante los próximos meses. Formalmente serán coordinadores; materialmente estarán construyendo una candidatura.
Y si Morena ya disparó el banderazo de salida, el resto de los partidos difícilmente podrá permanecer inmóvil.
El PAN, principal fuerza política en la entidad y partido gobernante desde hace más de una década, ha declarado públicamente que respetará los tiempos y que aún no definirá aspirantes. Sin embargo, la dinámica política suele ser implacable. Cuando uno de los corredores comienza a avanzar, los demás terminan acelerando el paso aunque insistan en que siguen esperando el disparo oficial.
Por ello, la convocatoria de Morena no sólo modifica la vida interna del partido guinda. También altera el tablero político queretano. Obliga al PAN a acelerar definiciones, presiona a Movimiento Ciudadano a construir una alternativa competitiva y obliga al PRI a redefinir su estrategia de supervivencia electoral.
La metáfora es sencilla. Morena ha colocado la primera pieza del ajedrez rumbo a 2027. Lo hizo dos años antes de la elección, bajo la figura de una coordinación partidista y bajo el argumento de la organización interna. Pero en política, como en el ajedrez, el nombre de la pieza importa menos que el movimiento que realiza sobre el tablero.
Y en Querétaro, todos saben que la partida por la gubernatura ya comenzó.





