El abogado millonario Abelardo de la Espriella gobernará Colombia alineado con los principios de la derecha, que recupera terreno en el continente, con propuestas de construir megacárceles y aliarse sin reservas con Estados Unidos para combatir al narco.
Con un discurso de mano dura y en contra de la política tradicional, el empresario de 47 años fue elegido ayer para su primer cargo de elección popular, y a partir de agosto presidirá el país con el último conflicto armado activo en el hemisferio occidental.
Sus propuestas disruptivas incluyen recortar drásticamente el Estado, bombardear guerrilleros y otros narcos con apoyo del Presidente de Estados Unidos, Donald Trump, o revisar la permanencia de Colombia en organismos de cooperación como Naciones Unidas.
De la Espriella venció por menos de un punto porcentual al senador Iván Cepeda, aliado del primer Presidente izquierdista del país, Gustavo Petro.
Su triunfo cierra el paréntesis abierto por la izquierda hace cuatro años en un país que durante dos siglos estuvo gobernado por élites de derecha.
Colombia, primer productor mundial de cocaína, vuelve a estar gobernado por un aliado de Estados Unidos en tiempos en los que Trump intensifica la persecución contra las mafias en la región.
Con Petro, las relaciones con Washington se tensaron y Colombia fue marginada de la alianza anticrimen “Escudo de las Américas”, integrada por países americanos y liderada por Trump.
De la Espriella, ciudadano colombiano y estadounidense que se identifica como “republicano”, busca incorporar al país a esa alianza, y prometió combatir duramente al narcotráfico con bombardeos, la erradicación de cultivos ilícitos con herbicidas y la presencia de bases militares estadounidenses en territorio colombiano.
Bautizó su iniciativa como “Plan Colombia II“, en referencia a la millonaria cooperación de Washington con Bogotá a principios de siglo que acorraló a las guerrillas.
“No habrá zonas vedadas para el Estado, no habrá criminales impunes e intocables. No habrá organizaciones por encima de la Constitución y la ley”, les advirtió ayer en su primer discurso como Mandatario electo.
Inspirado en los mandatarios de El Salvador, Nayib Bukele, y Ecuador, Daniel Noboa, quiere construir diez megacárceles para encerrar a criminales “a diez pisos bajo tierra”, donde se alimentarán con “pan y agua”, prometió.
Ese tipo de prisiones de máxima vigilancia han generado alertas por parte de organizaciones por posibles violaciones a los derechos humanos.
Los adversarios de De la Espriella ven tintes autoritarios en su discurso y expertos advierten de una posible escalada de la violencia.
El Presidente electo también propone flexibilizar el porte de armas para civiles.
“Las personas que demuestren la idoneidad física y psicológica para portar un arma, en la era de El Tigre tendrán un arma”, afirmó durante la campaña.
De la Espriella recibe un país con un déficit fiscal cercano al 7 por ciento del PIB, el segundo mayor de la región después de Brasil, tras un período de elevado gasto público para financiar programas sociales durante el gobierno de Petro.
En campaña afirmó que lo “ideal” sería dolarizar la economía colombiana como parte del plan económico de su “país milagro”.
También propone impulsar el fracking para aumentar la producción energética, reducir el tamaño del Estado en un 40 por ciento, inspirado por Javier Milei en Argentina, y bajar impuestos a las empresas.
En materia de cooperación, De la Espriella afirma que está dispuesto a revisar la continuidad de Colombia en entidades como Naciones Unidas y la Organización de Estados Americanos (OEA).
Actualmente en la presidencia pro témpore del Consejo de Seguridad de la ONU, Colombia ha tenido un papel en debates sobre paz y seguridad en la región.
De la Espriella considera que esas organizaciones son un “directorio político de la izquierda” y que “no han servido para nada”.
El jurista también deslizó la posibilidad de retirar a Colombia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, que considera una “farsa”.
Quiere además cerrar parte de las embajadas de Colombia en el exterior y las que permanezcan en pie convertirlas en centros de negocios.






