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Marilyn: “un hermoso fantasma”

Desde la terraza

por Ariel González
2 junio, 2026
en Editoriales
¡Mi reino por un bolillo!
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Ningún pretexto es malo para hablar de Marilyn Monroe. Y si se nos cruza su centenario, con mayor razón debemos evocarla, admirarla, acaso idolatrarla y, en la medida de lo posible aprender algo nuevo sobre ella, aunque francamente por momentos todo parece dicho.

Su supuesta ignorancia o superficialidad es un tópico contra el que siempre hay que luchar, si bien no resulta sencillo porque todo el poder de Hollywood se concentró de pronto en cultivar una imagen de “muñequita rubia y tonta”. Ese era su producto más acabado y trató de cuidarlo todo lo que pudo película tras película.

El estereotipo que generó la izquierda desde la literatura tampoco le hizo un gran favor. Ernesto Cardenal, cura al fin, pedía por ella en su “Oración por Marilyn Monroe”; su poema envejeció tanto como la prejuiciosa búsqueda de expiación: “Señor / en este mundo contaminado de pecados y de radioactividad, / Tú no culparás tan solo a una empleadita de tienda / que como toda empleadita de tienda soñó con ser estrella de cine. / Y su sueño fue realidad (pero como la realidad del tecnicolor)”.

Tampoco la valoró muy bien que digamos Eduardo Galeano cuando escribió aquello de que “corregida”. Tenía párpados gordos y papada, nariz de punta redonda y demasiada dentadura: Hollywood le cortó grasa, le suprimió cartílagos, le limó los dientes y convirtió su pelo castaño y bobo en un oleaje de oro fulgurante, y le inventó una patética historia de infancia para contar a los periodistas”.

En realidad, la vida de “la empleadita” y de la muchacha “corregida” con “una patética historia” es mucho más compleja. No se la puede comprender, ni siquiera “tiernamente”, desde las anteojeras ideológicas. El drama, pero también el esplendor de su vida, fueron mejor captados desde la profunda amistad por alguien como Truman Capote; pero sus encantos, intelectuales también, o su notable sensibilidad, fueron mejor apreciados por Arthur Miller, quien fuera su marido, o algunas otras figuras con las que trabó relación a lo largo de su vida.

Pienso en Dylan Thomas, ese maravilloso bohemio galés que según la leyenda (falsa) murió luego de beber 18 whiskies en la White Horse Tavern de Manhattan (en realidad moriría en un hospital días después y más bien por una neumonía mal cuidada). Se conocieron en 1950, se fueron de parranda hasta llegar a la casa de Chaplin borrachos (algo que parece otra leyenda), pero es un hecho que ella estaba genuinamente interesada en la poesía de este poeta.

A pesar de no tener mayor escolaridad –no completó la secundaria– es un hecho que Marilyn tuvo una gran voluntad autodidacta y tomó algunos cursos de literatura que la acercaron a los grandes autores. No obstante, Marilyn llegó a decir que mientras vivió con Arthur Miller, los amigos de este la trataban como “como a una estudiante atrasada”.

Una impresión muy distinta tuvo la poeta británica Edith Sitwell cuando la conoció. Es muy importante el testimonio de esta aristócrata con enorme talento y probado refinamiento literario, nunca eclipsados por su excentricidad, bastante patente.

En 1953, la revista Life, que entonces era la publicación de referencia a nivel mundial, tuvo la singular (¿o perversa?) idea de organizar un encuentro entre ambas en el Sunset Tower de Los Ángeles. Al parecer los editores esperaban que Marilyn saliera corriendo apabullada; sin embargo, para su sorpresa, el contacto entre ambas fue de lo más cordial y animado, conversando sobre Freud y de Aldous Huxley, entre otros temas. Pero lo más importante es que conectaron de forma asombrosa, dejando muy atrás las expectativas publicitarias de los editores.

En su autobiografía (Taken Care Of), Sitwell dejó escrito un retrato que deja entrever la sinceridad de sus encuentros (porque se volvieron a ver): “En su vida privada, no era en absoluto lo que sus calumniadores hubieran deseado que fuera. Era de gran dignidad natural… Era también extremadamente inteligente y sumamente sensible. En reposo, su rostro era por momentos extraña y proféticamente trágico, como el rostro de un fantasma hermoso”. Me quedo con eso.

@ArielGonzlez

FB: Ariel González Jiménez

Etiquetas: cine clásicocultura popHollywoodliteraturaMarilyn Monroe

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