Morena llegó a Plaza Fundadores cargando una semana que todavía no termina de procesar. No llegó unido ni fortalecido. Llegó golpeado por el veto a la ley de identidad de género, por el caso Domitila en Corregidora y por una guerra interna que ya no cabe debajo de ninguna lona.
Primero fue el veto. Y ahí volvieron a equivocar el diagnóstico. No se vetó a una comunidad ni se frenaron derechos. Se frenó una ley mal construida, hecha con prisa, con más consigna que técnica jurídica. Los diputados de Morena tocaron Registro Civil, actas de nacimiento, identidad, familia y posibles efectos en niñas, niños y adolescentes sin blindar el texto. Creyeron que bastaba escribir “mayor de edad” para cerrar el problema. No bastaba.
Una ley mal hecha no protege derechos: los expone. Abre litigios, genera incertidumbre y deja a las personas atrapadas entre la ocurrencia legislativa y el tribunal. Si Morena quiere defender causas, primero tiene que aprender a escribir leyes. Ahí Sinhué Piedragil Ortiz tiene que tomar las riendas, ordenar a los rijosos y corregir el tiradero. No pueden legislar mal, pelearse entre ellos y luego salir a culpar al mundo.
Luego vino Domitila. Gilberto Herrera y su grupo quisieron vender persecución política, pero el fondo es más incómodo: Morena no puede convertir cada carpeta en montaje, cada operativo en abuso y cada operador suyo en víctima automática. Ser abogada no convierte a nadie en juez. Ser exregidora no convierte a nadie en Ministerio Público. Transmitir en vivo no suspende una intervención de autoridad. Si hubo exceso, se denuncia; si hubo abuso, se combate. Pero llegar a gritar, intentar parar un operativo y luego venderlo como activismo ya no es defensa de derechos: es show político.
Así llegó Morena a la plaza: herido, dividido y tratando de vender músculo.
Porque Morena existe en Querétaro, sí. Lo que no existe es unidad. Están los de Santiago Nieto, los de Gilberto Herrera, los de Luis Humberto Fernández, los de Ricardo Astudillo, los de Bety Robles y los que alcancen a juntar algo antes del 2027. Todos bajo la misma lona, pero no bajo el mismo mando. Todos con bandera guinda, pero cada quien con su lista, su grupo y su cálculo.
En Plaza Fundadores no se vio una ola. Se vieron tribus midiéndose.
La imagen fue más clara que el discurso: una carpa sobre una parte de la explanada, banderas levantadas para inflar el cuadro y una concentración que, siendo generosos, no llegó ni a dos mil personas. No hay que mentir ni querer apantallar. Plaza Fundadores tiene proporción, memoria y medidas. Ahí no se fabrica una multitud con trapos, encuadres y matraca.
No fue marea. Fue estructura.
Y dentro de esa estructura hay que decirlo: quienes sí destacaron fueron Bety Robles, Ricardo Astudillo y Luis Humberto Fernández. Ahí se notó quién llevó grupo, quién trae operación y quién tiene algo real en territorio. Los demás fueron acompañamiento: funcionarios, operadores, caras conocidas, gente de nómina y aspirantes colgados de una foto que no les alcanzó para presumir fuerza propia.
Gilberto Herrera quiso vender otra película con “El Otro Querétaro”. Intentó convertir el evento en aduana de playeras, gorras, banderas y registros. Pero las cuentas no le dieron. La gente ya venía trabajada por otros, los grupos ya estaban amarrados y ni las banderas alcanzaron para fabricar los miles que quiso presumir. Su núcleo fue reducido, visible, contable. A Gilberto le están desmontando el cuadro. Y cuando a un político se le cae la estructura, no sólo pierde operadores: pierde miedo.
Los que quedaron peor fueron Santiago Nieto y Andrea Tovar. No movieron pueblo, no movieron calle, no enseñaron base propia. Llegaron con cargo, estructura prestada, operadores de nómina y los mismos rostros de siempre. Cuando el músculo depende del puesto, la foto no presume fuerza: presume vacío.
Santiago, además, se terminó exhibiendo con su frase sobre la “variable de género”. Habló de la paridad como si fuera estorbo, como una piedra en el zapato entre él y su ambición. No fue un lapsus: fue una forma de mirar la política. Hace meses llamó “loca” a una senadora; ahora trata la igualdad como obstáculo. Eso no es liderazgo. Es el reflejo de una cultura que tolera a las mujeres mientras no le estorben.
Después apareció Chema Tapia, con pose de regreso forzado, cara de “bótox party”, mucho tinte, mucho gesto y poca sustancia, diciendo que va por la capital queretana como si fuera amenaza y no chiste viejo. Mucho “¿qué, qué, qué?”, pero nada de proyecto.
La jornada dejó claro que Morena tiene presencia, pero no mando único. Tiene grupos, pero no unidad. Tiene aspirantes, pero no candidatura resuelta. Y rumbo al 2027 eso pesa.
En Plaza Fundadores no hubo desbordamiento.
Hubo montaje, tribus y desesperación.
Todavía viene el arranque del panismo. Entonces se va a comparar quién llena, quién ordena y quién sólo levanta banderas para tapar huecos.
Morena no enseñó una ola.
Enseñó sus grietas, y menos de 2 mil gentes.
Y la lona, por grande que fuera, no alcanzó para taparlas.
Kuri fortalece su gobernanza
El movimiento de Mauricio Kuri no debe leerse como un simple ajuste administrativo, sino como una decisión de cierre de ciclo y apertura de ruta política. La salida de Rogelio Vega de la Jefatura de Gabinete lo saca del despacho, pero no del centro de decisiones: lo coloca donde puede operar con mayor libertad el diseño estratégico del panismo rumbo al 2027, la construcción de candidaturas, la disciplina interna y la defensa del proyecto queretano hacia el 2030.
Con Mauricio Herbert en Gabinete y Jorge Maldonado en la Secretaría Particular, el gobernador conserva confianza, continuidad y control fino del cuarto de mando. No improvisa: redistribuye funciones. Mientras Morena exhibe tribus y estructuras que compiten entre sí, el PAN mueve piezas desde el gobierno, cierra filas y prepara territorio. La diferencia es de método: unos pelean por la foto; Kuri acomoda el tablero.
Colofón
Mientras Morena se mide entre tribus, la estructura del Verde avanza en operatividad y coordinación territorial. Sus enlaces a lo largo del estado ya perfilan una ruta concreta: disputar con fuerza al menos 6 alcaldías y espacios clave en la próxima Legislatura.
Después del evento en Plaza Fundadores, Ricardo Astudillo se reunió con coordinadores y alcaldes, entre ellos Alejo Sánchez de Santiago y Carlos Manuel Ledesma Robles, para revisar alcances, reuniones, enroques y operación política, ahora que se encamina a asumir la coordinación de los comités de la Cuarta Transformación en Querétaro.
Astudillo lo ha dicho en distintos espacios: no está señalado, no carga expedientes, está limpio, tomará protesta y, llegado el momento, buscará ser candidato. Como él, otros también se mueven, miden fuerza y hacen cuentas rumbo al 2027. Nada está escrito, pero el mensaje del Verde es claro: no quiere ir de acompañante; quiere sentarse en la mesa donde se decidirá el futuro del estado.
Se imprime.
A chambear. @GildoGarzaMx






