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Querétaro, víctima de su éxito

Desde el montículo

por Jaime Robledo
25 mayo, 2026
en Editoriales
Todo bajo control en la visita de Claudia
8
VISTAS

México atraviesa un momento particularmente complejo y el principal desafío para la presidenta Claudia Sheinbaum parece no ser la falta de poder formal, sino el control del relato político. En los gobiernos modernos, quien logra imponer los temas de discusión suele llevar ventaja; quien reacciona constantemente a agendas ajenas corre el riesgo de parecer a la defensiva. Y en semanas recientes da la impresión de que la Presidenta ha entrado más en el segundo escenario que en el primero. Casos como la situación del exgobernador sinaloense, las presiones provenientes de Estados Unidos, la compleja negociación comercial en Norteamérica o las polémicas declaraciones relacionadas con Cuba han colocado al gobierno en una posición reactiva. No necesariamente porque existan errores irreparables, sino porque la narrativa pública ha quedado atrapada entre crisis sucesivas y explicaciones posteriores. En política, muchas veces la percepción pesa tanto como la realidad. Hay además otro elemento delicado: dentro de Morena conviven distintos grupos y sensibilidades. Los sectores más ideológicos o “duros” suelen exigir posturas más firmes y menos pragmáticas, mientras el ejercicio de gobierno obliga a negociar y administrar costos. Esa tensión es natural en cualquier movimiento que pasa de oposición a poder; ocurrió en numerosos procesos políticos alrededor del mundo. Sin embargo, afirmar que Sheinbaum está quedándose sola quizá sea una conclusión prematura. El presidencialismo mexicano sigue concentrando enormes márgenes de influencia. Lo que sí parece observarse es un desgaste en la capacidad de marcar el ritmo de la conversación nacional. Y ahí está el verdadero riesgo: un gobierno puede sobrevivir a una crisis, incluso a varias; lo difícil es gobernar cuando los demás escriben diariamente el guion de tu administración. Ahí es donde se definirá si estamos viendo turbulencia temporal o el inicio de un problema político más profundo.

STRIKE 2

Una de las preguntas más incómodas que dejó el bloqueo en la carretera 57 no es quién tenía razón sobre el agua, sino por qué una de las arterias económicas más importantes del país pudo permanecer paralizada durante tantas horas por un grupo relativamente reducido de manifestantes. Diversos reportes hablaron de aproximadamente cincuenta personas bloqueando el paso y señalaron que la presencia de la Guardia Nacional se concentró principalmente en labores de vigilancia y negociación, sin ejecutar un desalojo. Mientras tanto, autoridades estatales señalaron haber solicitado apoyo de instancias federales debido a que se trataba de una vía federal. Aquí surge una pregunta inevitable: ¿hubiera ocurrido lo mismo si el gobierno estatal fuera emanado de Morena? La respuesta no puede afirmarse con certeza, pero políticamente el cuestionamiento es legítimo. En México, la percepción de que algunas crisis reciben tratamientos distintos según el color político del gobierno involucrado se ha vuelto recurrente. La oposición suele acusar trato diferenciado; el oficialismo normalmente lo niega. Lo que sí puede observarse es que el vacío de autoridad termina generando especulación política. Cuando la ciudadanía observa que miles de automovilistas, empresas y trabajadores quedan afectados y la intervención tarda o parece insuficiente, aparece la sospecha de cálculo político. Y en ausencia de respuestas claras, cada grupo llena ese vacío con su propia narrativa. Sin embargo, también hay que evitar caer en conclusiones absolutas. Un desalojo forzoso de manifestantes en México nunca es una decisión simple; los costos políticos y humanos pueden escalar rápidamente. El problema es que la otra cara también tiene costos: cuando una vía estratégica puede bloquearse durante horas sin consecuencias inmediatas, se envía un mensaje delicado sobre autoridad y capacidad institucional. Porque al final quizá el debate ya no era agua contra política. Terminó siendo autoridad contra vacío. Y esos vacíos, en años previos a elecciones, rara vez permanecen vacíos por mucho tiempo.

STRIKE 3…PONCHADO

Querétaro vive una paradoja que muchas ciudades quisieran tener: sus problemas nacen del éxito. Mientras otras regiones del país enfrentan estancamiento económico, pérdida de población o falta de inversión, la capital queretana se convirtió en un poderoso imán de industria, empleo, universidades y desarrollo inmobiliario. El crecimiento llegó y sigue llegando. Pero junto con él aparecieron las presiones inevitables sobre una ciudad que hace apenas unas décadas tenía una escala completamente distinta. La lista de retos es amplia: agua potable, drenaje, tratamiento de aguas residuales, basura, movilidad, transporte público, vivienda y seguridad. Todos son importantes y ninguno puede ignorarse. Sin embargo, si hubiera que establecer una prioridad absoluta, la respuesta probablemente sería menos espectacular que construir una gran vialidad o inaugurar una nueva obra emblemática: el agua. Sin agua suficiente y una estrategia integral alrededor de ella, el resto de las soluciones pierde fuerza. Una ciudad puede soportar durante algún tiempo embotellamientos o rutas de transporte insuficientes; incluso puede ajustar modelos de recolección de basura o ampliar infraestructura vial. Pero una ciudad que rebasa la capacidad de abastecimiento y saneamiento comienza a enfrentar un límite estructural a su crecimiento. Y no se trata únicamente de traer más agua. El desafío real es mucho más amplio: redes de distribución eficientes, reducción de fugas, reutilización, tratamiento de aguas negras, captación pluvial y una visión metropolitana de largo plazo. El Querétaro actual ya dejó de ser únicamente la capital; es un ecosistema urbano conectado con municipios vecinos cuyos problemas no reconocen fronteras administrativas. La historia demuestra que las ciudades exitosas no fracasan por falta de crecimiento; fracasan cuando el desarrollo avanza más rápido que la infraestructura que lo sostiene. Querétaro todavía está a tiempo. La pregunta es si tendrá la capacidad política para planear con visión de veinte años y no con la urgencia de la siguiente elección. Porque el verdadero riesgo no es crecer demasiado; es crecer sin anticiparse.

Etiquetas: aguacarretera 57CubaSheinbaum

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