La voz del maestro indígena resuena en cada rincón de la comunidad. Su fuerza y compromiso con la educación impactan en la vida de niñas y niños de los pueblos originarios que se preparan para un presente y futuro en constante movimiento.
A pesar de los retos que enfrentan, en Querétaro la responsabilidad de formar a los futuros ciudadanos es simplemente, inquebrantable.
Uno de los 488 docentes de los 156 planteles de educación indígena que hay en el Estado, es Marcelino Pérez Zapote, originario del Valle del Mezquital, Ixmiquilpan, Hidalgo, que ha formado a generaciones de niños y adolescentes que lograron, a través de sus enseñanzas y consejos, enfrentar y, en muchos casos, superar las barreras económicas, culturales e incluso de discriminación.
“Llevo oficialmente 35 años de servicio en esta ardua tarea de educar. La vocación de ser maestro es tan bonita. Hay momentos en que nos encontramos con tropiezos, sin embargo, en la búsqueda de alternativas, logramos el propósito ideal que es educar a los niños en valores para que logren un bienestar integral, social, en el ámbito familiar, comunitario y por qué no, en el ámbito estatal y nacional”, comentó Marcelino, quien llegó a la entidad en 1986 y domina la lengua otomí hñähñu.
Desde su incorporación al subsistema de educación indígena, se propuso engrandecer, desde las aulas, la cultura y el idioma a las comunidades otomíes. En ocasiones, dijo, a pesar de la resistencia social y de los propios padres de familia.
“A estas alturas, con los postulados de la Nueva Escuela Mexicana, pues hemos reivindicado el trabajo indígena; hoy en día, la lengua indígena ya es parte de la currícula nacional y creo que como docentes, como directivos y toda autoridad que está inmersa dentro del subsistema, hacemos lo que nos corresponde para que este aspecto cultural y el trabajo sobresalga e impacte.
“Estamos bajo un programa nacional, que es el Plan 2022 y de acuerdo a lo planteado, se hacen ajustes con base a las situaciones que viven las comunidades y sobre todo al aspecto cultural”, indicó el director de la Escuela Primaria Indígena General Mariano Escobedo, en Boyecito, Cadereyta de Montes.
Para Marcelino, quien es un ejemplo de logro, trayectoria y desempeño, aquí, el aprendizaje tiene un plus, ya que cuenta con materiales que edita tanto la Secretaría de Educación Pública (SEP) a nivel federal como el Estado. Recordó que en su infancia le tocó aprender con naranjas, dulces o cualquier otro elemento que permitiera ejemplificar. Hoy, es diferente.
Cambian las formas, pero no el fondo ni el corazón que se empeña en cada clase y en cada estudiante. Los resultados de ese trabajo pueden encontrarse, quizá, en el lugar menos pensado.
“En la infancia uno iba con la ilusión de aprender cosas nuevas en la escuela, yo aprendí el español hasta como los 10 o 12 años, mi lengua materna es el hñähñu, pero gracias al esfuerzo de mis maestros que a través de los dulces y de naranjas pude aprender más. Hoy en día, las mentes de nuestras comunidades han cambiado mucho y como docentes tenemos que cambiar nuestra rutina de trabajo.
“Los resultados se ven, aquí en Querétaro, en la capital, iba caminando por la calle y de repente me decían: maestro, maestro, ¿ya no se acuerda de mí, profe? Soy Rodrigo, su alumno de Altamira. Le pregunté bueno y ¿qué haces por acá? dijo, trabajo en una empresa, soy contador, gracias por sus sugerencias logré salir adelante. Fue una experiencia muy bonita”.
Y es que, ser maestro, marca. Los docentes también enfrentan situaciones familiares de sus estudiantes y los apoyan, más allá de las aulas, subrayó Marcelino que cuenta con doctorado en Ciencias de la Educación y colabora con la Unidad de Servicios para la Educación Básica del Estado (USEBEQ), en un proyecto relacionado con la alfabetización.
“A estas alturas hay un empuje muy grande en Querétaro y eso requiere de mayor compromiso tanto de las familias como de los alumnos, maestros y todas las autoridades que están inmersas. Considero que el seguimiento y el acompañamiento fortalece el trabajo docente. Yo tengo una vocación muy profunda”, reiteró.
Tanto la USEBEQ como el Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas (INPI) han reconocido el papel de las y los maestros en los procesos educativos de las comunidades indígenas y el pueblo afromexicano.





