El espacio ahora conocido como CDMX, sometido siempre a condiciones administrativas peculiares, por decir lo menos, ha ido sufriendo una progresiva y al parecer definitiva decadencia en casi todos los órdenes.
Hoy esa progresividad de la incompetencia administrativa llega a límites difícilmente superables: cómo no ha sido posible remendar el cascajo de una capital perforada en todas sus calles, con graves problemas circulatorios y al borde de los muchos infartos por las manifestaciones por sí o por no, se busca encerrar a la gente en sus casas para no sufrir los inconvenientes y hasta se propone cerrar las escuelas para frenar las manifestaciones de la Coordinadora Nacional de Trabajadores (¿?) de la Educación (¿? y¿?) cuya explosiva presencia se adueña del escenario –si así lo desea y sin nadie para evitarlo—a partir del 15 de mayo, día del maestro.
Pero ahora tienen a la mano un pretexto más para meterle miedo a la siempre medrosa autoridad urbana: el mundial de futbol, y al grito de o me entregas la razón y con ella solución o te secuestro el balón, Clara Brugada y Mario Delgado, cómplices en tantas tropelías, deciden prolongar las vacaciones*, alterar el calendario no de las escuelas, sino de los ciudadanos y actúan como si esto fuera (y a veces lo es), el rancho de Palenque.
Pero no es posible esperar otra cosa de una jefa de Gobierno, cuya historia pasa siempre por el fraude (así se hizo delegada en Iztapalapa de la mano de San Andrés y el auxilio palero de Juanito y Marcelo Ebrard); así ganó una candidatura después de perder la encuesta reglamentaria de su partido, de la mano otra vez de San Andrés y el sistema electoral feminista en apariencia. Reina del rollo, emperatriz de la simulación ha convertido en poco tiempo a esta enorme capital en un poblacho al estilo de San Miguel Teotongo (como la pongas me opongo).
Un recorrido dominical por la Calzada de Tlalpan es para ponerse a llorar. Una probada del caos.
La Línea Dos (Azul) mantiene cerradas las estaciones de San Antonio Abad y sus alrededores por obras internas y externas afanosamente trabajadas por dejarlo todo al final porque a nadie se le ocurrió programar el tiempo de entrega (como se hace en la ingeniería). Esa clausura y el tiradero correspondiente, obligó a los usuarios (de sur a norte) a bajarse de los vagones en Xola (antes de llegar Viaducto, Chabacano y San Antonio), para subir (si la majestuosa fila de pasajeros frustrados se los permitía) a los autobuses de la RTP con destino a Pino Suárez para ahí volver a abordar el gusano anaranjado. Cuando estos cambian un foco lo sujetan con la mano y dan giros sobre los talones.
Pero buen. En este calvario, los trenes regresaban a Tasqueña, pero no paraban ni en Nativitas, ni en Portales, estaciones (sometidas también a interminables obras internas llenas de recovecos y obstáculos), no obstante estar muy lejos de la zona de las obras principales de un Metro abandonado por 30 años, según nos ha dicho reiteradamente el sindicato.
Ya los sabemos, se les cae, se les incendia, se les inunde, se les detiene, pierde velocidad; no tiene refacciones, etc., etc…
¿Por qué? Porque sí. No hay explicación alguna. Tampoco para el concierto de los hebefrénicos del BTS y la línea 9.
Entre la “ciclopista” cuya innecesaria y poco utilizada amplitud le robó un carril a la siempre congestionada vía por donde antaño circulaba “el rápido” a Xochimilco sin haberse convertido en una moderna autopista urbana como (por ejemplo), el Anillo Periférico (Ni una cosa ni la otra, pero, en fin).
Si bien algunos de los problemas de la CDMX, obedecen a la acumulación de errores originales derivados de su (otra vez) peculiar situación geográfica (una cuenca endorreica y elevada sin salidas naturales y rodeada por una cadena volcánica), otros son producto exclusivamente de la mala política y peor administración.
Hoy esta ciudad, sometida a los limites derivados del asentamiento de los poderes federales en un país centralista donde la Federación es una mala broma (¿verdad, Maru Campos?), los servicios públicos son utilizados por una burocracia rapaz cuya habilidad consiste en la movilización electoral permanente y la compra anticipada de votos a través del eufemismo conocido como “programas sociales” cuando en verdad son estrategia de partido.
La sicología de los atenidos (no atenienses) habitantes ha sido perfectamente comprendida y aprovechada por muchas administraciones desde tiempos virreinales. Si el marqués de Croix nos advirtió (o les advirtió a, los antiguos moradores), sobre la política para unos pocos y la disciplina silenciosa para los demás, hoy las cosas son iguales, pero con derecho de votar en elecciones decididas de antemano a través de la compra anticipado.
Pero, en fin, esta maniobra de cerrar las escuelas para eludir el acoso de los oaxacos, oaxaqueños, oaxacólogos o oaxaquistas de la Sección XXII, temible e invencible, se les ha ido por el caño.
*Por cierto, el plan de la molicie fue defendido –después de echarlo abajo— por la presidenta CSP (con A) como fruto no del capricho del secretario Delgado, sino del consenso entre secretarios de Educación de todo el país. Pues si así hubiera sido, muy pronto los consensuados se “desconsensuaron” como buenos “desconsensuadores”.
Otra rayita al tigrito moreno.




