Virginia Hernández Vázquez
Querétaro existe gracias a su gente.
Detrás de cada carretera, de cada empresa instalada, de cada colonia que creció, hay alguien que madrugó. Alguien que aprendió un oficio y lo perfeccionó. Alguien que apostó por quedarse y construir aquí, no en otro lugar.
El Día del Trabajo es una pausa para mirar lo que muchas veces damos por sentado: que el desarrollo no cae del cielo. Que cada indicador positivo que presumimos tiene nombre y apellido detrás.
Querétaro es hoy un estado de referencia nacional. Un modelo que otras entidades observan. Pero ese modelo lo construyeron las y los trabajadores de la industria manufacturera que llegaron antes que nadie a sus turnos. Las y los emprendedores que arriesgaron sus ahorros cuando nadie les garantizaba nada. Las mujeres que sostuvieron familias y negocios al mismo tiempo, con una resiliencia que rara vez aparece en las cifras. Las juventudes que decidieron que su futuro estaba aquí.
Eso es lo que vale la pena reconocer hoy.
Y reconocer implica convicción, porque el desarrollo solo es posible si es colectivo. Cuando hablamos de cuidar lo que Querétaro ha construido, estamos hablando de cuidar a quienes lo construyeron.
Cuidar implica algo concreto. Que el trabajo digno sea la regla y no la excepción. Que las y los jóvenes que entran al mercado laboral encuentren puertas abiertas. Que el emprendimiento tenga respaldo real y no solo aplausos. Que las oportunidades no dependan del código postal ni del apellido.
Desde la Secretaría de la Juventud lo entendemos así. Por eso existe el programa de Impulso al Emprendimiento: porque creemos en las y los jóvenes que quieren construir algo propio, que tienen una idea y el valor de apostarle. No basta con aplaudirles desde lejos. Hay que acompañarles con herramientas, con redes, con oportunidades reales de despegar.
Lo que hace grande a un estado no es solo lo que acumula. Es lo que distribuye. Es cuántas personas pueden decir que aquí encontraron su lugar.
Querétaro se construye todos los días. Gracias al trabajo de su gente. Ese trabajo merece más que un día de reconocimiento: merece políticas que lo sostengan, instituciones que lo acompañen y una clase política que no pierda de vista de dónde viene el verdadero motor.
Hoy más que nunca: gracias a quienes construyen Querétaro.





