El secretario general de la ONU, António Guterres, alertó de que la interrupción del tráfico marítimo en el Estrecho de Ormuz amenaza con desencadenar una crisis energética, graves disrupciones comerciales y una posible emergencia alimentaria mundial, por lo que urgió la reapertura inmediata de esta vía estratégica.
Durante un debate abierto del Consejo de Seguridad sobre seguridad marítima, organizado por Baréin, país que ejerce la presidencia del órgano este mes, el diplomático portugués instó a las partes a reabrir el estrecho y dejar pasar a los buques sin discriminación.
“Abran el estrecho. Permitan que se reanude el comercio. Dejen respirar a la economía mundial. Este momento exige moderación y diálogo”, señaló el jefe de la ONU, recordando que por esa ruta transita cerca de una quinta parte del comercio mundial de petróleo, una quinta parte del gas natural licuado y casi un tercio de los fertilizantes comercializados internacionalmente.
Según Guterres, el impacto económico por el cierre del Estrecho de Ormuz ya se traduce en una fuerte volatilidad en los mercados energéticos y de materias primas, así como en un aumento de los costos de transporte y de los seguros marítimos.
Añadió que la situación ha provocado la mayor disrupción de las cadenas de suministro desde la pandemia de la COVID-19 y la guerra en Ucrania.
El secretario general advirtió además de que los retrasos y el encarecimiento del transporte están frenando entregas de ayuda vital a poblaciones vulnerables, y subrayó que una prolongación del bloqueo podría empujar a millones de personas, especialmente en África y el sur de Asia, al hambre y la pobreza.
Asimismo, destacó que los países menos desarrollados y los pequeños Estados insulares son los más expuestos, por su dependencia de las importaciones marítimas y su limitada capacidad para absorber un ‘shock’ externo.
Más de 20 mil marineros y dos mil buques varados
Guterres también llamó la atención sobre la situación de los trabajadores del mar, al señalar que más de 20.000 marineros permanecen varados en alta mar y más de 2.000 buques comerciales están atrapados entre riesgos y restricciones de navegación.
“Estas personas no son parte de ningún conflicto. Son trabajadores civiles que mantienen abastecido al mundo”, indicó.
Irán mantiene un estricto control sobre el paso marítimo desde el inicio de la guerra el 28 de febrero, evitando el paso de buques y petroleros, lo que ha causado que el precio del petróleo se dispare por encima de los 100 dólares.
En respuesta, Washington ha impuesto un bloqueo naval a los puertos iraníes desde el 13 de abril.






