A diez minutos de las ocho de la mañana, la banqueta aún guarda los rastros de la lluvia de la noche anterior. A unas cuantas calles del Centro Histórico, un charco refleja a una madre que, de pie, ajusta el suéter del uniforme de su hijo antes de que entre a la escuela. El aire es fresco y húmedo; el regreso a clases ocurre entre bajo algunas nubes dispersas y un cielo gris que, tras los diluvios de abril, comienza a iluminarse de azul.
Sobre la calle Manuel Acuña, a un costado del Museo de Arte Contemporáneo de Querétaro (MACQ), un padre camina, con sus dos hijas, por la banqueta de cantera rosa; ésta aguarda a ser secada por el sol y viste un tapiz natural de flores de jacaranda. Las ruedas de la mochila de un niño aplastan algunos de los pétalos morados, mientras el aroma se intensifica con la humedad. El tráfico avanza lento en la zona, cada conductor está atento a las indicaciones del personal de movilidad que resguarda el tránsito peatonal hacia la Escuela Primaria ‘Naciones Unidas’. Algunos niños cargan mochilas más grandes que ellos; otros, un peluche de tigre que se asoma entre sus bracitos.
Antes de cruzar la entrada, una despedida breve se vuelve ritual: “Te quiero”, le dice un niño a su mamá. “Yo te quiero más”, responde su madre, después de darle la bendición y separarse de él. Hay prisa. Varias mujeres apuran el paso; el regreso a clases también implica retomar la rutina laboral tras una mañana que comenzó temprano.
“Yo vengo amanecida, voy saliendo de trabajar”, cuenta Mónica, madre de familia, mientras observa la entrada. Dice que no fue fácil levantar a su hija de seis años, que cursa primero de primaria: “No se quería levantar”. Aunque la lluvia marcó la noche, explica que el trayecto no representó mayor complicación. “Vivimos aquí cerca (de la escuela), pues no es como que muy complicado”, dice. Comparte también que su casa se ubica en una parte alta del Barrio de La Cruz, donde no se registran anegaciones. A su lado, Elena, abuela, acompaña en silencio la escena.
En las tiendas cercanas, algunas familias compran barritas y licuados de último momento. Todas y todos llevan suéter o chamarra. La cantera de la banqueta permanece mojada, con pequeños charcos que resisten mientras el sol comienza a calentar la mañana. Entre la gente, un padre sostiene una flor para su hija; cerca de la entrada, un vendedor ofrece rosas blancas y en tonos rosa pastel, como un gesto sencillo para acompañar el regreso.
En otras escuelas se replica el ritual de regreso a clases. De acuerdo con la Unidad de Servicios para la Educación Básica del Estado de Querétaro (USEBEQ), hoy regresaron a clases más de 356 mil alumnas y alumnos, y más de 14 mil maestras y maestros de dos mil 114 escuelas públicas de educación básica en todo el estado.
A las 8:10 horas, el ritmo se acelera. Algunos niños corren porque el tiempo se les vino encima. “¡Córrele, todavía alcanzas!”, grita una madre. Minutos después, tras dejar a su hija en la entrada, respira: “Ya, lo logré”, dice para sí misma antes de emprender el camino al trabajo con una sonrisa discreta. Detrás de la reja, una maestra entra con su delantal y una bolsa llena de materiales coloridos, lista para recibir a sus alumnos.
La mañana avanza y, poco a poco, la escuela se llena. Afuera, quedan los charcos, las jacarandas aplastadas y el eco de las despedidas. Adentro, comienza un nuevo ciclo.






