Cíclicamente me reúno con mi amigo el Notario César Jiménez. Hace aproximadamente un mes y medio, en forma conminatoria, me invió a que nos viéramos: “Me urge hablar contigo”. Platicamos y me dijo: “Estoy muy preocupado, la entrada y la salida a Querétaro por la 57 son muy, muy peligrosas. Los carros, no te digo los tráileres, toman velocidades de terror. Plaza de Armas es muy leído; advierte a las autoridades de este peligro”. Le respondí: “La carretera es de competencia federal y el gremio de los transportistas es fuerte y beligerante”. Me reviró: “Cuando escribiste sobre el tren eléctrico, afirmaste que, aunque fuera un proyecto federal, éste se hacía en nuestro territorio, tenemos el deber y el derecho de hacer algo, cuando vaya en perjuicio de los queretanos. Algo se tiene qué hacer en este tramo de la 57, poner topes, patrullas. Algo. Un gremio, por más poderoso que sea, no puede imponerse, a costa del riesgo de una tragedia”. Reconozco, no hice caso a su advertencia, lo lamento profundamente. Dejo constancia.






