En medio de balbuceos, defectuosa sinápsis, y confusión mental entre la ciencia, la genética, las relaciones sociales y el concepto de familia, la ministra, María Estela Ríos, (del pueblo acordeonista), ha dado una muestra más de la deficiente condición cultural de los cuadros superiores de Morena.
Si ya en tiempos cercanos el patriarca de todos ellos, Don Andrés López nos había entregado para regocijo de la trivia un librote llamado “Grandeza” con graves confusiones –entre otras– sobre el creacionismo y el darwinismo, perdido en un debate cuyo interés caducó hace muchos años (*), la ministra Ríos, nos ha hecho este invaluable servicio para comprobar lo ya sabido: son una manga de ignaros.
En un debate supuestamente jurídico en torno de las familias, la violencia y los receptores de conductas agresivas, doña Estela, con la cachaza de la ignorancia a cuestas, soltó este tremebundo rollo de limitada comprensión:
“… Salvo quien haya nacido in vitro, a lo mejor (nótese la precisión de sus ideas, a lo mejor…) podríamos estimar que no forma parte de la familia, pero mujeres y hombres formamos parte de la familia…”
En términos generales se puede decir, fuera de los debates religiosos o morales de tiempos rebasados, que las personas concebidas a través de procedimientos asistidos de fertilización simplemente son humanos. Tan sencilla simplicidad abruma a ciertas cabezas[ huecas. Y si son hijos de una pareja cuya decisión fue esa, son tan familiares como sus hermanos, si los tienen, concebidos sin intervención genética externa.
Pero hay quien no entiende eso. Y si no lo comprende, menos podrá asimilar conocimientos más complejos. Quizá se hunda en consideraciones religiosas muy alejadas de la especialidad jurídica cuyo conocimiento tiene, según ella. Parece como si pensara así, en el fondo, como una madre superiora:
“…Practicadas dentro de la pareja, estas técnicas (inseminación y fecundación artificiales homólogas) son quizá menos perjudiciales, pero no dejan de ser moralmente reprobables. Disocian el acto sexual del acto procreador.
“El acto fundador de la existencia del hijo ya no es un acto por el que dos personas se dan una a otra, sino que “confía la vida y la identidad del embrión al poder de los médicos y de los biólogos, e instaura un dominio de la técnica sobre el origen y sobre el destino de la persona humana.
“Una tal relación de dominio es en sí contraria a la dignidad e igualdad que debe ser común a padres e hijos” (cf Congregación para la Doctrina de la Fe, Instr. Donum vitae, 82).
“La procreación queda privada de su perfección propia, desde el punto de vista moral, cuando no es querida como el fruto del acto conyugal, es decir, del gesto específico de la unión de los esposos…”
Quizá esto le haya servido la ministra Ríos de inspiración:
“…Las técnicas que provocan una disociación de la paternidad por intervención de una persona extraña a los cónyuges (donación del esperma o del óvulo, préstamo de útero) son gravemente deshonestas.
“Estas técnicas (inseminación y fecundación artificiales heterólogas) lesionan el derecho del niño a nacer de un padre y una madre conocidos de él y ligados entre sí por el matrimonio. Quebrantan “su derecho a llegar a ser padre y madre exclusivamente el uno a través del otro”.
Obviamente la ministra ya acudió al eterno expediente: me sacaron de contexto. Ajá.
(*) …Sin embargo, Darwin es un gran defensor de la cercanía del hombre con el resto de los animales y no duda en afirmar que estos pueden llegar a tener un mejor razonamiento que un ser humano, algo que desde sus tiempos hasta la actualidad nunca se ha demostrado científicamente. No obstante, este tema se convirtió para Darwin en algo obsesivo y majadero, y lo llevó a asumir posturas francamente despóticas, clasistas y racistas, muy afines al pensamiento dominante de su época…”
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