Los lectores critican duramente mi indignación contra las decisiones de secuestrar a Maduro y matar al Ayatola. Reclaman: “Entonces ¿Es necesario esperar a que los pueblos derroquen a estos dictadores, lo que es imposible, pues serían masacrados por los ejércitos? ¿Debemos seguir esperando a que en Cuba y Nicaragua cambien sus regímenes autoritarios?” Respondo. Por supuesto que no. La solución es que los organismos internacionales se democraticen y respondan con rapidez ante los regímenes que violen los derechos humanos. Es complejo, pero es aún más inadmisible que un país, o varios, se asuman como poderes supremos para intervenir cuando así lo consideren, pisoteando la política, el derecho y la diplomacia.






