En febrero de 1826, el día 4, en el primer número de El Iris, apareció un figurín de moda femenina que, sin proponérselo, pasó a la historia: se trata de la primera litografía hecha en México que se conoce.
Con esa imagen comenzó la incorporación de una técnica que ampliaría la circulación de noticias e ideas mediante imágenes en un país mayoritariamente analfabeto.
En el México del siglo 19, la imagen -producida entonces en diversas técnicas- se convirtió en un recurso primordial para difundir información, transmitir ideas y acompañar la lectura colectiva, recuerda en entrevista María José Esparza Liberal, académica del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM.
“La imagen tenía más poder que el texto, por eso era muy importante que las publicaciones de la época la tuviesen. Muchas de ellas eran baratas y difundían conocimientos de todo tipo. Se habla, en el siglo 19, de una literatura sin lector: la gente compraba estas publicaciones porque había una imagen y alguien leía en voz alta el contenido”, explica.
La efeméride, 200 años después, remite a la aparición de la referida estampa en El Iris, periódico crítico y literario fundado por el poeta cubano José María Heredia y los italianos Florencio Galli y Claudio Linati.
La elección del figurín de moda femenina no fue casual. La publicación buscaba atraer al “bello sexo” -como se decía entonces- aunque, como documenta la historiadora, el número de suscriptoras era en realidad reducido.
Más allá del motivo representado, la novedad residía en la técnica inventada por Alois Senefelder a finales del siglo 18, que se expandió por Europa y llegó a México apenas dos décadas después.
“La importancia que adquirió la litografía en el mundo editorial en México fue muy relevante, porque si bien se conocían y se habían empleado desde el siglo 16 y hasta el 18 el grabado en madera y el grabado en metal, la técnica referida mostró ventajas que la convirtieron en una de las más empleadas a lo largo del siglo 19”.
La litografía, detalla la especialista, requiere una piedra especial porosa y calcárea, sobre la cual -previa preparación- se dibuja con un lápiz graso y, mediante una prensa, se reproduce el trazo. Además de directa, la técnica permitió tirajes más amplios y una mayor circulación de imágenes impresas.
“En cambio, la madera se va desgastando y lo mismo el metal; adicionalmente sus tirajes son más cortos”, compara Esparza Liberal.
La impronta de Linati
Claudio Linati fue una figura central en la introducción de esta técnica en México, donde
desembarcó en 1825.
Formado desde joven en círculos artísticos y libertarios en Italia, España y Francia, se afincó en América para alejarse de una Europa convulsa. No sólo trajo al País prensas y piedras litográficas, entre otros materiales necesarios, sino que también formó a litógrafos.
El Iris tuvo una vida breve -cerró en agosto de 1826- y Linati regresó a Europa con la intención de volver a México.
Sin embargo, no pudo restablecerse: murió en Tampico en 1832, apunta Esparza Liberal.
Tras su partida, las prensas y piedras pasaron a la Academia de San Carlos, pero la institución no incorporó plenamente la litografía a su currículo.
“Se quedó en un ámbito más comercial, un ámbito para ilustrar libros, calendarios o materiales relacionados con la prensa, pero no llegó a tener ese cariz de obra de arte”, refiere.
La técnica se consolidó a partir de la década de 1830, impulsada por empresarios culturales -muchos de origen francés- y grandes impresores, como Ignacio Cumplido y Vicente García Torres.
Talleres como el de José Decaen, añade la especialista, formaron a una generación de litógrafos mexicanos que ilustraron revistas, semanarios y libros durante el siglo 19.
Entre los artistas que se desarrollaron como litógrafos figura el célebre José Guadalupe Posada. Aunque después exploró la xilografía y el grabado en metal, nunca abandonó del todo la técnica que marcó su aprendizaje y buena parte de su producción, indica Esparza Liberal.
Casi todos los ilustradores del siglo 19 recurrieron a la técnica, puntualiza.
Casimiro Castro, José de Quezada, Hesiquio Iriarte, Constantino Escalante y Santiago Hernández dieron forma a un vasto imaginario visual que documentó la vida urbana, las costumbres, la crítica política y el paisaje del País.
La litografía fue, quizá, la técnica más utilizada a lo largo del siglo 19, pondera Esparza Liberal, y dejó una huella duradera en la historia cultural y periodística del País.
Con motivo de la efeméride, Esparza Liberal, de la mano de otros colegas, planea una exposición dedicada a esta técnica que persiste, sobre todo, en el ámbito artístico; creadores contemporáneos, como Francisco Toledo, por ejemplo, recurrió a ella. La muestra incluirá obras y materiales de época.





