Entre el viernes y el sábado pasado, cuando muchos en el hemisferio occidental estábamos todavía despiertos, comenzó en Irán una fuerte ofensiva de parte de Israel y Estados Unidos. Por esas coincidencias que nuestra actualidad interconectada se permite, un servidor acababa de ver –unas horas antes, como seguramente otros cientos de miles, o millones tal vez, en todo el mundo– la serie “Teherán”, una nada aburrida aproximación desde el espionaje al totalitarismo teocrático que gobierna esa nación de medio oriente desde hace casi 50 años.
En la muy recomendable serie, creada por Moshe Zonder (guionista de “Fauda”), la agente del Mossad, Tamar Rabinyan (Niv Sultan), lucha por sabotear o hacer imposible que los ayatolas construyan una bomba atómica, algo que, como sabemos, ha estado en los últimos años entre las más importantes preocupaciones tanto de Israel como de Estados Unidos.
La serie, pues, aborda lo que es apenas una ficción, toda vez que el programa nuclear de la nación persa ha seguido su marcha y no sabemos a ciencia cierta qué tanto ha conseguido avanzar en ese propósito. Lo que sí queda claro es que nada bueno puede resultar de la combinación del extremo fanatismo que encarna el gobierno de Irán con la adquisición de armas de destrucción masiva, como tampoco es muy bueno que digamos que sus enemigos dispongan de estas en una cantidad tan irracional que nos acerca a esa guerra, a palos y piedras, que pronosticara Albert Einstein.
Por otra coincidencia, esta de carácter editorial, la semana pasada en estas mismas páginas me refería yo a la situación terrible y miserable que viven las mujeres en Irán y Afganistán a manos de unos regímenes que han convertido al Corán en el principal azote de las libertades y derechos humanos. También señalaba en ese artículo la criminal represión que ha cobrado miles de vidas de estas mujeres y jóvenes que salieron a las calles en Irán para protestar contra la dictadura.
Ahora que la guerra ha comenzado nuevamente (hace apenas unos meses hubo un intenso y letal intercambio de misiles y drones entre Irán e Israel), pareciera que el mundo estaba listo en más de un sentido para verla reaparecer en el horizonte, aunque no sabemos todavía con qué consecuencias y desenlace definitivo.
Las reacciones en redes sociales me llaman la atención. Algunas, muy informadas y ecuánimes; otras, simplemente desquiciantes. Todos lamentamos la guerra, pero hay quienes sólo han querido ver hacia las víctimas civiles de los bombardeos de las últimas horas y nunca les importó la muerte de miles de civiles a manos del propio gobierno de Irán. Es la conocida hemiplejia moral que describiera Ortega y Gasset y que practican los que hacen suyo un bando que creen es el mejor, justificando ad nauseam los crímenes más siniestros sin inmutarse, puesto que están del “lado correcto de la historia”.
A todos estos, Trump e Israel se las ponen fácil: actuando al margen del derecho internacional, pasándose de nueva cuenta por alto al Congreso norteamericano y generando los conocidos y temibles daños colaterales, se ganan el repudio y la condena de estos correctísimos progres que así alimentan su maniqueísmo; condena del enemigo ideológico, silencio frente al amigo infame.
Creen, desde luego, que hay que respetar la “soberanía de los pueblos”, esa misa que encantados defienden los tiranos, especialmente para cometer toda clase de atrocidades contra sus opositores; y así pueden incluso masacrarlos sin que nuestros sensibles y solidarios “antisionistas” levanten la voz (porque están ocupados en otras causas más nobles).
Pero a los que no tenemos ese espíritu de porristas gratuitos, nos la pone muy difícil el señor Trump: porque no estamos de acuerdo en que se erija en violento policía del mundo (que cree de su propiedad), pero menos aún estamos de acuerdo con los horrores de los Maduro y ayatolas.
Entiendo que es más fácil reaccionar condenando sólo al “agresor imperialista”, pero la realidad del mundo exige muchos más matices y, sobre todo, alguna congruencia menos “correctita” y más rigurosa frente a la violación de los derechos humanos y la cancelación de las libertades más elementales.
@ArielGonzlez
FB: Ariel González Jiménez





