Ricardo Israel Sánchez Becerra
La gran México-Tenochtitlan, en su origen un modesto asentamiento sobre un islote en medio de un lago, es de esas pocas ciudades anticipadas y concebidas en el pensamiento divino.
Sobre esto, tanto la ciudad profetizada como la que materialmente se erigió, trata México-Tenochtitlan. Su espacio y tiempo sagrados (1978), el ya clásico título del historiador y filósofo Miguel León-Portilla (1926-2019), uno de los más destacados estudiosos del pasado prehispánico, y en particular de la cultura náhuatl.
“Los dioses la pensaron y le confirieron un destino. Iba a ser soberana del Anáhuac; a ella vendrían gentes de los cuatro rumbos del mundo”, escribió el gran nahuatlato en una introducción al volumen que ahora ha vuelto a circular gracias a una reedición del sello Sexto Piso junto con la Dirección de Publicaciones del INAH y la Secretaría de Cultura capitalina.
“Es un libro, desde mi perspectiva, que le otorga un lugar muy importante a nuestra Ciudad a la par de las grandes capitales o de los grandes axis mundi que existen en el planeta, como Roma o Jerusalén. (…) Nuestra Ciudad es una de ésas, y creo que sí es importante tener esa dimensión”, opina en entrevista Felipe Rosete, editor de Sexto Piso y responsable de la reedición.
Este lanzamiento, referido por Rosete como “una especie de homenaje al maestro León-Portilla”, de quien este 22 de febrero se conmemoró el centenario de su nacimiento, surgió a iniciativa de María Luisa León-Portilla, hija del historiador.
Sucedió a partir de una primera colaboración con Sexto Piso en 2024, momento en que se incluyó en el libro Sonidos de México un escrito del también autor de Visión de los vencidos; “un texto fascinante para quien le interese el tema de cómo era la música en las sociedades prehispánicas”, describe Rosete.
“Y a raíz de eso fue que, platicando ahí con María Luisa, pues ella nos propuso hacer este libro. Por supuesto que le dijimos que sí, porque fue una manera ya de tener un libro de León-Portilla en nuestro catálogo”, agrega el editor, orgulloso además del atractivo volumen ilustrado que elaboraron, con un tiraje de 3 mil 500 ejemplares.
“Lo que quisimos fue hacer una edición que estuviera a la altura del legado de Miguel León-Portilla y, por otro lado, pues también de los 700 años de la fundación de nuestra Ciudad”.
Tras un texto de la Jefa de Gobierno, Clara Brugada, y uno del titular del INAH, Joel Omar Vázquez Herrera, el libro arranca con el propio León-Portilla narrando que “un hallazgo fortuito marcó el principio de la revelación”.
Se refiere al descubrimiento de la Coyolxauhqui la mañana del 21 de febrero de 1978, cuando personal de la Compañía Mexicana de Luz y Fuerza hacía excavaciones para instalar un cableado subterráneo en el corazón del Centro Histórico, cerca de la esquina de Guatemala y Argentina.
Y es que con la súbita aparición del monolito circular de más de 3 metros de diámetro, con la efigie de una figura femenina desmembrada, fue posible dar con aquel gran palacio, el Templo Mayor, del que hablaban antiguas crónicas en náhuatl y en español, asombro de Hernán Cortés y Bernal Díaz del Castillo, y que una vez consumada la Conquista fue destruido y quedó sepultado.
León-Portilla y su amigo el arqueólogo Eduardo Matos Moctezuma explicaron la importancia y significado de tal hallazgo en una serie de charlas tanto en El Colegio Nacional como en el Museo Nacional de Antropología (MNA), éstas últimas de tal interés que fue necesario “que la fuerza pública pusiera límite a la entrada de los cientos de personas que, ansiosas, querían oír las conferencias”, según plasmó por escrito el historiador.
De tales pláticas surgió el libro que ahora está de vuelta en las estanterías; “al publicarlo de nuevo se ofrece, una vez más, la interpretación del significado de ese hallazgo con base en lo que nos revelaron la arqueología y la historia”, había apuntado León-Portilla en la introducción a una reedición hecha en 2016.
“Lo que hace es contar todo el mito fundacional de México-Tenochtitlan,
ya en su etapa muy guerrera, digamos. Es un pueblo que es heredero de Teotihuacán y de Tula, que son las dos grandes ciudades previas históricamente; y es un pueblo que se tiene que afirmar sobre este culto a la guerra y a su dios Huitzilopochtli para poder terminar dominando toda la cuenca del Valle de México”, detalla Rosete.
El mayor distintivo de esta nueva versión es su copioso acervo iconográfico, pues a cada vuelta de página el texto va acompañado por imágenes procedentes de distintos códices y documentos antiguos.
“De hecho, algo que a mí me emociona mucho de este libro, debo confesarlo, es que publicamos completa la tira de la peregrinación que da cuenta de todo este mito fundacional de la salida de Aztlán y la llegada a México-Tenochtitlan y demás; y la publicamos en un desplegable, son más de 20 imágenes que componen toda la tira”, destaca Rosete.
“Así como está esa tira, pues hay 60, 70 imágenes más”, prosigue el editor, refiriendo que ello fue posible gracias al trabajo conjunto con el INAH.
Y si bien Rosete califica como un honor para Sexto Piso poder publicar a un autor de la talla del gran nahuatlato, a nivel personal le resulta aún más significativo siendo él un seguidor de su obra.
“Imagínate, para mí que soy muy fan, pues ha sido todo un privilegio poder platicar con ellas (su hija y su viuda) ahí en la biblioteca de León-Portilla, con todos estos códices antiguos y toda una colección impresionante de libros sobre los temas que le apasionaban.
“La verdad, en la editorial estamos muy agradecidos por la confianza y muy felices de poder haber hecho un libro así”, continúa. “(María Luisa) está contenta, y, de hecho, ya estamos también pensando en proyectos nuevos”.
Rosete apunta su deseo de honrar a León-Portilla en el marco de su centenario, con la reedición de este libro que permite, en palabras de su propio autor, “enterarse de otra forma muy distinta de existir en Tenochtitlan”.





