Quizá don Marx Arriaga –cuya mediana posición burocrática el poder del Estado no ha podido cimbrar definitivamente (escribo el domingo por la tarde) pues ahora es Director Legítimo, como el esposo de su protectora, ejerció una imaginaria presidencia–, conozca estos versos de Miguel de Cervantes en su célebre obra “El cerco de Numancia”.
Lo supongo enterado, pues alguien de su enorme cultura de seguro conoce la obra cervantina. No en balde el manco de Lepanto (no estaba manco del todo, nomás tullido de la mano), fue en su tiempo una especie de preso político en los horribles calabozos argelinos.
Pero es lo de menos.
Ahora don Marxito Narciso se ha atrincherado en una oficina de la cual lo habían echado y desde ahí, auxiliado por maestros de su misma filiación política, pertenecientes, obviamente a la CNTE: difunde a través de plataformas digitales el evangelio de la Nueva Escuela (el obradorismo humanista mexicano), y como De Gaulle desde Londres, convoca a la resistencia contra los traidores y desleales, empezando por lo más delgado: el secretario de Educación Pública, don Mario.
Pero, en fin, este texto se inició con la reflexión numantina y ahora lo expongo. Resulta fiel para quien, con resistencia y altivez de mártir, soporta las embestidas de la furia.
“…Si en Numancia queréis entrar por suerte
haréislo sin contraste, a pasos llanos;
pero mi lengua desde aquí os advierte
que yo las llaves mal guardadas tengo
desta ciudad, de quien triunfó la muerte”.
Así pues con el pecho obradorista como escudo, Marxito deja chiquito al gobierno, a la presidencia y al heredero de Vasconcelos, el ya mencionado Don Mario Delgado cuya autoridad –insuficente para manejar un kindargarden–, se le puede embarrar al queso Camembert.
M.A. se burla y regocija mientras la presidenta (con A) manda un mensaje pacificador al castillo de Palenque: no se va a tocar la Nueva Escuela Mexicana ni sufrirán mínima alteración los catecismos elaborados por el insumiso.
–¿Entonces para qué todo el sainete?
Hay quienes hablan sobre el puente de plata y la oferta de la embajada de Costa Rica lo cual M.A. rechazó. La única circunstancia posible a mi alcance para explicar este agravio, a la tierra de mis antepasados (el posible nombramiento; no la declinación) viene de tiempo atrás. Y lo señalo brevemente:
En el lejano 2018, cuando Andrés López era presidente electo, su esposa Beatriz Gutiérrez (promotora de Marx Arriaga) fue reconocida por la Academia Morista Costarricense debido a su conocimiento literario e histórico entre México y ese país.
La distinción — Orden al Mérito Morista (2018)– fue motivada por “los trabajos y estudios de Gutiérrez Müller sobre el autor costarricense, Rogelio Fernández Güell, en ‘Episodios de la Revolución Mexicana’. así como ‘La ciencia filosófica y el gobierno del espíritu’”, entre otros (EoL)”.
En aquel tiempo el expresidente López, culeco, decía en un mensaje digital:
“Beatriz fue invitada de manera especial a Costa Rica para participar entre otros actos en la ceremonia en que se declara benemérito de ese país a Rogelio Fernández Güell, quien acompañó a Francisco I. Madero en su lucha por la democracia.”
En la consagración “tica” nomás faltó la voz de la otra cabecita de algodón: Chavela Vargas. Pero no estaba disponible.
Posteriormente Costa Rica (06.20.21) le otorgó a la doctora un galardón más:
“…La Medalla Universidad Nacional, en atención a su trabajo, aporte y “contribución a la academia latinoamericana” los cuales son (sin ditirambo alguno), un destacado ejemplo “de la construcción de una sociedad más inclusiva, humana, democrática, justa e inspirada en los más altos valores de una cultura de paz, justicia y bienestar social”.
Benditas comillas, lo libran a uno de la vergüenza.
Esa relación podría haber inspirado quizá una buena salida para el numantino de los materiales educativos para dejar contento a medio mundo.
Pero él, habitante de la otra mitad, prefirió otra cosa. ¿Verdad, madrina?
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