Gilberto Herrera Ruiz no entra a la política: irrumpe.
Llega como chivo en cristalería, rompe el orden y luego vende el estruendo como virtud. Donde hay un expediente, mete un micrófono; donde hay una vía legal, empuja una plaza; donde hay tiempos procesales, siembra prisa y odio. No gobierna: estorba. No gestiona: provoca. No opera solo. Tiene operadores.
En Peñamiller, el guion se ejecuta con Erick Silva Hernández —diputado utilitario del grupo— y con AVSE, su regidor-grafitero, activista de megáfono y consigna, porro político reciclado que confunde militancia con intimidación. Uno administra el relato institucional; el otro calienta la calle.
Doble pinza: micrófono arriba, presión abajo.
El conflicto real —complejo, técnico y con salida jurídica— fue reducido a escenografía. Se habló de “el pueblo” en singular, como si 150 o 200 personas sustituyeran a casi 19 mil. La explicación legal quedó fuera del encuadre; lo que importó fue la toma, la foto nocturna y la amenaza de “revocación” como consigna. Primero la plaza; después, si sobra tiempo, el derecho.
Y aparece la caricatura: un diputado que no se había graduado de dentista hablando de derecho con la soltura de quien no distingue competencia de consigna. La ignorancia elevada a argumento; la consigna disfrazada de doctrina.
El patrón no es nuevo. Escolásticas lo explicó antes y con consecuencias: agitación, confrontación, promesas de respaldo político y un final que nadie asume salvo la gente: procesos penales, prisión preventiva, daño irreparable. Ayer fue “defensa del territorio”; hoy es “abuso de poder”. El libreto es idéntico y los operadores, los mismos.
En Peñamiller, la verdad incómoda es simple: el candado que impide el ejercicio del cargo ya no es electoral, es administrativo. Eso se resuelve en amparo, no con campamentos. Pero el amparo no produce likes. La plaza sí. Y para la plaza están Erick (la cara institucional del ruido) y Gilberto (la mano que empuja).
¿Por qué ahora? Porque el contexto aprieta. En el entorno de Gilberto Herrera Ruiz, tres ex colaboradores enfrentan procesos de vinculación por el desvío de 320 millones de pesos. El 5 de febrero, se difirió la audiencia de control en el Reclusorio Norte. Herrera estaba citado, pero no compareció; ni siquiera asistió a la celebración oficial de la Constitución con la Presidenta Claudia Sheinbaum. El fuero y el miedo lo cubren.
¿Respuesta? Pataleo. Más odio. Más calle. Cuando el expediente avanza, sube el volumen.
No es activismo: es coartada.
No es defensa del pueblo: es cortina.
No es protesta: es desvío.
Por eso la ofensiva mediática se acelera y el reparto de roles se afina: Erick explica lo inexplicable; AVSE grita lo que no puede probar; y el coro repite “abuso” sin explicar competencias. La política del megáfono sirve para una cosa: ganar tiempo.
El radicalismo morenista en Querétaro no construye una sola obra, pero cobra completo por sembrar conflicto. Vive de intoxicar la conversación, de empujar a la comunidad al borde y de vender indignación como si fuera política pública. Y cuando se les devuelve la pelota con periodismo —datos, cronología, derecho— lloran en montón. Solos no pueden. Necesitan turba, ruido, caricatura.
La conclusión es dura y necesaria: Peñamiller no necesita operadores; necesita soluciones. Escolásticas no necesitó megáfonos; necesitó Estado. Y Querétaro no necesita radicales que vendan el caos para cubrir expedientes.
Herrera no es víctima de nada. Es un corrupto de cuello blanco desesperado, rodeado de operadores —Erick y AVSE— que gritan para tapar el avance del expediente. Cuando la ley camina, el ruido corre. No por convicción: por miedo.
Colofón
¿Quién permitió el crecimiento del radicalismo de Morena en Querétaro? Ese es el error que la Casa Corregidora y sus operadores aún están a tiempo de corregir. Queda un año para extirpar el tumor; de lo contrario, la metástasis será irreversible. Cumplir compromisos, cambiar narrativas y acercarse a quienes ganan elecciones. No vaya a pasar lo que pasó en Tamaulipas.
Solo hay dos perfiles: FeliFer o Luis Nava. O hacen unidad, o no se avanzará y será pírrico el triunfo, como en tantos estados. No hay reversa.
Las acciones jurídicas y electorales contra la delincuencia política local de MORENA ya están en curso. Aprovechen el divorcio inminente también.
No habrá segunda receta. Nosotros seguiremos exhibiendo, y ahora más fuerte…
A chambear.
@GildoGarzaMx






