Con la velocidad de sus ágiles patas garrudas la lagartija huye por tapias y cornisas; nerviosa mueve los ojos, se oculta en rendijas y corre por el pastizal y si percibe el riesgo final se desprende de la cola –autotomía caudal, se llama–, suelta lo menos para salvar lo más, y el mutilado apéndice se retuerce cuando el enemigo captura la ilusión, y se halla sólo con una punta vibrátil e insignificante para su apetito.
El sabio saurio en miniatura, esa rebaba de los antiguos y lejanísimos raptores de la prehistoria, pierde algo, pero sigue siendo él mismo. Ni siquiera necesita devorarse como el uróboro, esa mítica figura cuyo hocico masca el rabo.
Eso ha hecho Adán Augusto.
Si no es un pejelagarto, como aquel de la Chontalpa, su hermano, socio, protector y cómplice, es por lo menos un reptil de los tapiales de la política. Socarrón e intocable sólo ha dejado el rabo en el camino. Y nadie le ha pisado siquiera la larguísima cauda de sus grandes negocios.
–¿Por qué?
Por la sencilla razón del mandato poderoso de su hermano, como él mismo asume y presume en su desafiante actitud como simple senador del grupo mayoritario. Las veredas quitarán, pero la querencia cuando, dice la frase del pueblo.
Y ante la aparente derrota — cuyo único efecto grave es la pérdida directa en el control de los más de mil millones de pesos del presupuesto senatorial– esgrime la frase mágica de su protección ilimitada:
Claro, sigo siendo hermano de Andrés Manuel… A ver, pégale a la cruz, decían los chamacos con los brazos extendidos en el desafío pleitero de la barriada de antaño.
Seguro del poder ajeno –de donde proviene el suyo, suficiente para ser cínico e insolente–, el gran lagartijo se escuda en las palabras presidenciales sobre ninguna investigación en su contra y recuerda, por si alguien lo ha olvidado, el blindaje de su oriundez y el pasado común con el profeta.
“La presidenta Claudia Sheinbaum descartó que haya investigaciones de la fiscalía general de la República sobre Adán Augusto López.
–“¿Cuáles? A ver, ¿cuáles investigaciones? Han salido notas periodísticas, pero no hay, que yo sepa; en todo caso, que diga la fiscalía si hay investigaciones”.
Y ya con este aval disparó el torpedo protector cuando le preguntaron por una embajada imaginaria:
“…Como soy fiel alumno del licenciado López Obrador, quien sostenía que la mejor política exterior es la política interior, pues yo prefiero hacer política (territorial)”.
–¿Y sigue siendo hermano del expresidente López Obrador?
–Claro, dice con orgullo bisílabo.
Nada ha sido suficiente para frenar a quien el manto de complicidad cubre hasta hacerlo invulnerable. Por ahora. Durante un año soportó las evidencias y durante todo ese tiempo brumoso la iglesia andresiana lo cobijó, cuidó y fortaleció bajo la vieja fórmula de no quitarle ni una pluma al gallo. Ni un millón al millonario.
Ningún escándalo hirió su piel de escamas aceradas. Con el paso cansino de su poco garbo y sus pies planos, recorre pasillos y corredores en el Senado como si fuera su hacienda (quizá lo es, porque Mier da pena), y todavía lanza a la arena el reto futuro para su protegida, Andrea Chávez, emperatriz de la calle París.
–“La senadora Chávez –dice– ha sido objeto de una campaña a base de infundios y denostaciones. Es la mejor posicionada, según entiendo, en Morena.
“Y piensan algunos que inundando las redes con notas como esas la van a descarrilar, pero se equivocan. Yo sostengo que la senadora va a ser candidata y va a ser gobernadora de Chihuahua…”
Mientras la cola desprendida vuelve a crecer y su dueño regresa a trepar las por las bardas.
Nadie le podrá cortar el pescuezo –ni hundir la estaca en el pecho–, sin cortar primero la otra cabeza.
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