- Primera T; Bienestar sin Bienestar
- Segunda T; No estamos fijando precios
- Tercera T; El nuevo INEGI
- Cuarta T; La hipocresía se transforma
Sergio Antonio Castañeda
– La Inflación continua –
No es ningún misterio que desde que comenzó la Transformación muchas cosas han cambiado. Entre ellas, el aumento constante de los bienes y servicios que siguen afectando a los mexicanos. Y para que no quede duda —porque aquí nos gusta la claridad selectiva—, el incremento persistente de precios es responsabilidad del gobierno, el cual, a través de la política fiscal y monetaria, influye directamente en la estabilidad… o inestabilidad… de los precios.
Ahora sí, como decía el economista y premio Nobel Milton Friedman:
“La inflación es siempre y en todas partes un fenómeno monetario, en el sentido de que solo se produce y puede producirse por un aumento más rápido de la base monetaria que de la producción”.
En México, el crecimiento del gasto impulsado por la 4T es verdaderamente generacional; ha transformado a la economía hasta alcanzar récords históricos en montos comprometidos al presupuesto público. Eso sí: la productividad nacional estancada y el Producto Interno Bruto no cooperan con la narrativa. El crecimiento sostenido y productivo… brilla por su ausencia.
Claro está: la inflación se siente.
Más veremos…
-LA PRIMERA T-
Bienestar sin Bienestar
De acuerdo con la presidenta Claudia Sheinbaum, desde el comienzo de la Transformación con Andrés Manuel López Obrador el modelo económico se basa en la redistribución de la riqueza.
El modelo es claro: aumento al salario mínimo, programas de bienestar y una recaudación eficiente de impuestos. Los resultados también son claros: la 4T ha llenado a México de programas poco productivos bajo el argumento del bienestar social.
En términos de libros, políticas como estas consumen improductivamente la riqueza limitada en recursos de México. La capacidad fiscal restringida (procedente de los ingresos petroleros, los impuestos, etc.) se destina a transferencias estáticas que proporcionan alivio a corto plazo, pero que atentan contra la estabilidad de precios y desvían recursos de factores que favorecen la competitividad.
Eso sí: todavía no hemos entrado de lleno en la inflación y la cosa ya se puso fea.
Y el Bienestar apenas comienza…
-LA SEGUNDA T-
No estamos fijando precios
Tras los acuerdos de Claudia Sheinbaum con tiendas de autoservicio y agroindustrias, se renovó el Paquete Contra la Inflación y la Carestía (PACIC), que deja en 910 pesos los 24 productos de la canasta básica.
La presidenta lo explica así:
“Se ha demostrado que si aumenta el salario mínimo disminuye la pobreza… manteniéndolo por encima de la inflación y garantizando que la canasta básica se conserve sin subir la inflación.”
Los precios —aclara el discurso— no los fija el gobierno.
Solo convence a las empresas de fijarlos; los precios del resto del consumo ni se inmutan.
La inflación, como todo, también se transforma.
-LA TERCERA T-
El nuevo INEGI
El INEGI merece capítulo aparte. Mediante la actualización de la canasta, nuevos ponderadores y los famosos índices encadenados, la medición de la inflación se ha vuelto… más amable.
Cerca del 50 % del cálculo del Índice Nacional de Precios al Consumidor está hoy administrado directa o indirectamente.
Desde 2022, con los acuerdos del PACIC, los rubros más sensibles —gasolina, agua, electricidad y ahora alimentos— han sido intervenidos. Con los ajustes posteriores, la inflación termina cubierta por el paraguas federal.
El INEGI es independiente y honesto…
O eso creíamos.
-LA CUARTA T-
La hipocresía se transforma
Frente a la retórica presidencial, los hechos insisten en lo contrario. Las empresas mantienen precios “voluntariamente” dentro del PACIC en alimentos y productos básicos, mientras que otros rubros clave se controlan por vías distintas: la electricidad y el agua se administran directamente desde empresas públicas, y la gasolina se sostiene mediante recortes al IEPS, subsidios fiscales y acuerdos empresariales para contener el precio final.
Todo con el noble objetivo de suavizar la percepción social, mientras el poder adquisitivo se diluye gota a gota bajo políticas fiscales y administrativas poco efectivas.
Al final, el gobierno federal y el INEGI demostraron que comparten más de lo que aparentaban.
La hipocresía ya no se puede ocultar, solo se transforma…






