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Dependencia, ineptitud y soberanía

El cristalazo

por Rafael Cardona
22 enero, 2026
en Editoriales
Los electores también son responsables
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Hace un par de días otra treintena de peligrosos delincuentes mexicanos fueron llevados a  diferentes prisiones de Estados Unidos. Como es costumbre su traslado fue más una ofrenda, una dádiva para ablandar la rudeza de las posiciones estadunidenses cuya altanería ha llegado a puntos inaceptables en términos de soberanía y equilibrio. Es el producto de la “asimetría”, dicen quienes sólo saben levantar con resignación los hombros ante una realidad inmutable: la subordinación, así vista los ropajes eufónicos de la colaboración, la cooperación o la capacitación de nuestras fuerzas armadas. Ignorantes, por lol visto, y requeridas de enseñanza imperial.

Los Estados Unidos dictan el libreto y nosotros actuamos la parte correspondiente. Y en el nosotros estamos todos, gobernantes y gobernados, así haya algunos cretinos cuyos suspiros crucen el Río Bravo y crean hallar en las intervenciones estadounidenses el camino, para solucionar nuestros problemas de política interior.

Nunca, jamás vendrá una solución del exterior. Jamás. Podrá venir una intervención armada o no; pero sea como fuere, no resolvería nada, porque no es esa su finalidad. Todo cuanto los Estados Unidos hacen aquí o compelen a hacer al gobierno nuestro (nos guste o no) es en beneficio de ellos; nunca de nosotros. Al imperio le importa su poder y las consecuencias positivas de tenerlo. Muy sin cuidado le tiene nuestra aprovechable debilidad.

De ella nada más sacan provecho.

En ese sentido debemos recordar las palabras de Benito Juárez:

“…Que el enemigo nos venza y nos robe, si tal es nuestro destino -escribió a Matías Romero en la que es una de las más hermosas cartas políticas de que se tenga memoria (GGC)-; pero nosotros no debemos legalizar ese atentado, entregándole voluntariamente lo que nos exige por la fuerza; si la Francia, los Estados Unidos o cualquiera otra Nación se apodera de algún punto de nuestro territorio y, por nuestra debilidad, no podemos arrojarlo de él, dejemos siquiera vivo nuestro derecho para que las generaciones que nos sucedan, lo recobren…”

Lástima. En 1847 no sucedió de tal manera. Pero la actitud sobrevive. O debería sobrevivir.

Cada uno de los 92 presos enviados sin juicio de extradición previo, en un destierro ajeno a cualquier decoro jurídico, como quien entrega semovientes y bajo el pretexto de su peligrosidad, es una prueba de ineptitud institucional. Si esos reos son peligrosos aquí, ¿dejan de serlo allá? ¿No tenemos capacidad para evitar su delincuencia carcelaria, su operación criminal desde los penales de imaginaria alta seguridad?

¡Ah!, pero para evitar la continuidad de sus carreras criminales, vamos a registrar los teléfonos celulares y los enviaremos a Estados Unidos donde hay un sistema de prisiones en el que sí se puede hacer lo que nosotros no sabemos; no podemos o no queremos. Un reconocimiento tácito de ineptitud y minoría de edad

Es una vergüenza.

“El titular de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC), Omar García Harfuch, confirmó el traslado de 37 operadores de organizaciones criminales hacia prisiones en Estados Unidos, luego de ser considerados “una amenaza real para la seguridad del país”.

“La acción se ejecutó conforme a la Ley de Seguridad Nacional y bajo mecanismos de cooperación bilateral, con pleno respeto a la soberanía nacional”, explicó el funcionario federal.

“Asimismo, se estableció que la pena de muerte quedó descartada, a solicitud del Departamento de Justicia estadounidense.

Los 32 reos, llevados al país vecino en siete aeronaves de las Fuerzas Armadas mexicanas, fueron distribuidos en prisiones que se encuentran en los siguientes lugares:

Washington, Houston, Nueva York, Pennsylvania, San Antonio y San Diego.

Con esta operación, “ya son 92 criminales de alto impacto enviados a EE.UU. en esta administración que ya no podrán generar violencia en nuestro país (L.V.)”.

Este reconocimiento de la incapacidad de controlar las prisiones e impedir actividades criminales desde los penales derrumba la imagen de eficiencia del gobierno en la lucha contra el crimen organizado. Afuera matan y asesinan; trafican drogas, extorsionan y comercian ilegalidad. Adentro, también.

¿Y no tienen cómplices?

Etiquetas: seguridadSheinbaumTrump

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