TACHO Y TENCHA, 20 AÑOS, POSPONEN CELEBRACIÓN DE BODAS

En las calles de Venustiano Carranza: Con su boina calada al estilo del Che, el primerísimo actor de Querétaro, recibe al periódico Plaza de Armas para hablar de sus anécdotas y el teatro queretano. FOTO: SERGIO ARTURO VENEGAS ALARCÓN
Corral de Comedias cerrado por primera vez en cuatro décadas a causa del Coronavirus
SERGIO ARTURO VENEGAS ALARCÓN
Fundador de los Cómicos de la Legua y de El Corral de Comedias, las dos compañías de teatro más antiguas de Querétaro, Francisco Rabell Fernández ha sido El Corregidor en La Farsa y Justicia, Sancho Panza en la Isla Barataria, Guillermo Tell el de los ojos tristes, Malcom Contra los Eunucos, Presidente Municipal en El Extensionista y El Padre Gallo y en La Gloria y el Infierno, en la televisión, pero hoy, a los 85 años, y con el escenario cerrado por el coronavirus, está haciendo el mejor papel de su vida: el de Paco Rabell.
Con su boina calada al estilo del Che, diría Sabina, de lentes y enfundado en una sudadera a cuadros, el primerísimo actor dirige, a puerta cerrada, a sus nietos Diego, Jerónimo y Flavia, en la renovación del espacio de La Familia, ubicado en Venustiano Carranza, a donde llegaron los Rabell en 1941, maravillándose de ver en esa calle tres carros estacionados, los mismos que había en todo Cadereyta, su pueblo.
Querétaro capital tenía  30 mil habitantes. Así lo recuerda para contarlo, aunque Anita, su eterna compañera y amiga, le corrige tiempos y circunstancias, como cuando habla de los contemporáneos Juan y Roberto Servín o de  Isaac Rivera y Benny Rocha.
Es que las imágenes ya se le amontonan a Paco, que no ha encontrado tiempo de escribir sus memorias pero su hijo Luis las ha registrado todas o casi todas, presume la aplicadísima Flavia mientras les sirve un spaguetti casero y huevo bien frito. “Abogado” le dice la consentida al abuelo, “Ana” a la abuela. Con ellos se crió y ahora ella los cuida.
Se Casó Tacho con Tencha la del Ocho, exitosísima obra con la que el Corral de Comedias ha viajado por el mundo. FOTO: ESPECIAL

TACHO Y TENCHA, 20 AÑOS

Entre bocado y bocado, se ufana Rabell del éxito de “Se casó Tacho con Tencha la del ocho”, armada por él hace 20 años, que no son nada y se cumplirán en abril pero se festejarán cuando sea posible, dadas las circunstancias sanitarias que los ha hecho cerrar temporalmente el Corral, por primera vez en cuatro décadas.
Ya estaba todo previsto para el festejo, hasta la contratación de la legendaria vedette Lyn May que no solamente develaría la placa conmemorativa, sino que actuaría para el culto y conocedor público queretano.
Y es que la de Tacho es la obra más durarera en la plaza, sólo después de la Farsa y Justicia del Corregidor y los entremeses cervatinos.
Entre sopeada y sopeada, habla Paco de éste y otros proyectos, como la acostumbrada parodia electoral de cada sucesión, que se va a poner buenísima, con los personajes de hoy del PAN, Morena y hasta del PRI, tan a la baja. “Los políticos solitos escriben el guión” sostiene.
Paco Rabell junto a su sobrina María José. FOTO: ESPECIAL

Hay Corral de Comedias para rato, “al menos para un siglo” apunta, en el emblemático teatro a cargo ya de la tercera generación de Rabeles y su Cuarta Transformación que ahí viene con los bisnietos.

Llegamos a verlo a la hora de la comida, porque es cuando está de mejor humor, sobre todo ahora con el calor primaveral. El frío le afecta mucho, advierte Jerónimo -el del “decadente show”- el nieto mimo que se reconoce disruptivo con sus ideas, tatuajes y forma de vestir.
Los Rabell son originarios de Cadereyta, en donde tenían orquesta y grupo de teatro, mientras los de Ezequiel Montes criaban (todavía, claro) ganado. El papá se los trajo a Querétaro para que los niños estudiaran y fueran algo en la vida.
 Paco, licenciado en derecho por la UAQ, quería ser actor. Es más, le pedía a su papa que lo regalara con Cantinflas, su ídolo, pero no quiso. El hijo mayor, sería abogado, dispuso don Luis Rabell Trejo. Y lo fue, con la suerte de coincidir en la Escuela de Derecho con Hugo Gutiérrez Vega, nombrado director de difusión por el rector fundador Fernando Díaz. 
Y ahí fue donde la cosa cambió.
Algo de karma traía Paco, nacido  el 29 de septiembre de 1934, el mismo día que se inauguró el Palacio de Bellas Artes, presume.
Anita, su esposa, y Flavia, la nieta. FOTO: SERGIO ARTURO VENEGAS ALARCÓN

HUGO, EL CULPABLE


Hugo Gutiérrez Vega, venía de Guadalajara a estudiar el último año de la carrera de derecho, pero lo primero que hizo fue una academia de oratoria. Y en la segunda o tercera dijo que iba a formar un grupo de teatro que iba a tener sus antecedentes en las misiones culturales de Juan Bartolomé Cossío que en la época de la República Española era un grupo de cómicos de la legua. Y sus dos grupos característicos dentro de esa organización eran el de García Lorca y el de Alejandro Casona. Ellos recorrían toda la península dando teatro. Y entonces Hugo copia eso con el referente de los entremeses cervantinos de Guanajuato.
“Vamos a copiar un grupo de cómicos de la legua -sentenció Hugo- que a diferencia del de Guanajuato, que no sale de Guanajuato” (y era explicable y justificadísimo con esa plazuela maravillosa de San Roque que tienen y que si se reúnen los mejores arquitectos del mundo no la hacen tan bonita; perfecta, las salidas, las entradas, todo)”. Y vamos a hacer el grupo que viaje. Yo, yo, apúntenme, yo le entro a eso, demandó Paco, porque me encanta viajar. Y me metí al grupo y formamos los Cómicos de la Legua, que por cierto el título se lo puso Hugo pero en una forma que me hizo reaccionar y decir que era un título rimbombante y hasta pedantesco, porque era Compañía Universitaria de Teatro de Cómicos de la Legua.
El primero que estaba con nosotros era Vicente Sergio Padilla Valdés, que fue procurador, y nos llevó luego luego a su pueblo, Acámbaro. El actuaba las coplas de don Jorge Manrique a la muerte de su padre. Estaban también Juan y Roberto Servín y Nacho Frías. Luego fuimos a Guadalajara y sin más ni más nos lanzamos a Mérida con mi hermano Enrique en un cochecito que le había dado en remate Bernardo Quintana Isaac.
 Entre por viajar. 18 países visitados con los Cómicos.
Viajero ha sido Paco (de cuando se podía, diría Toño Cabrera).
Yo he vivido viajando, me vuelve loco, cuenta. He ido 30 veces a Europa con grupo de teatro o yo por mi cuenta. He ido a ocho carnavales de Río de Janeiro con su extensión a Buenos Aires a oír y ver bailar tango.
Ahora nomás viaja de su recamara al comedor y de ahí al patio o corral de las comedias. 
Paco se ha puesto la piel de centenares de personajes, pero entre todos su preferido es El Corregidor. Luego de él lo hizo Wilfrido Murillo. También Luis Rabell. “A Wilfrido le inhibe que yo lo vea”. Me pones nervioso, ca… le dice.
 También entre sus favoritos está Guillermo Tell tiene los ojos tristes. “Lo llevamos a la Olimpiada Cultural en México. Me gusta mucho Malcom contra los Eunucos, en donde salía Aurelio Olvera, buen actor y músico, Aurelio era el ciego”.
Sin embargo le faltaron muchos de Shakespeare, se conforma, pero hicimos Sueño de una noche de verano, es lindísima.
 Una cosa que lo fascinó ver en México fue aquél Tiempo de campeones, dirigido por Rafael López Miarnau. Has de cuenta que era la selección nacional de teatro, con Carlos Ancira y Héctor Bonilla. 
Héctor actuó más tarde en el Corral de Comedias, igual que los Bichir, Chachita, Lechuga y muchos más. 
Pero la de Héctor es su anécdota favorita en los 40 años del Corral.
-Vino Bonilla, estaba lloviznando y le dimos la función a él. Se sentó y le dimos la carta de teatro y dijo esto es una maravilla, teatro a la carta. Escoja la que quiera. Y escogió Sancho Panza en la Ínsula Barataria. Acabando se subió al escenario y me dijo ya me creaste la necesidad de actuar en este patio. Escoge la obra, dame el papel que quieras y yo lo hago. Y me leyó el pensamiento, ¿con qué te pago, cabrón? Se me queda viendo así y me dice no te cobro ni un centavo. En esa época yo estaba muy clavado con el teatro español. Hicimos el Gran Teatro del Mundo, de Calderón de la Barca. Con él haciendo El Mundo.
Paco Rabell posando junto a Héctor Bonilla. FOTO: ESPECIAL

AQUÍ ILUSTRE SENADO


Recuerda Paco que la frase emblemática de los Cómicos de la Legua,  “Aquí Ilustre Senado termina el teatro y comienza la vida”… la hizo Rubén Torres, casado con Margarita Ramos, hermana del poeta Mario Arturo “El Gato” Ramos. 
Rubén era reportero de espectáculos, bajo las órdenes de Raúl Velasco. Era de esos muchachos que se juntaba con nosotros. Él me presentó con Raúl Velasco y le dijo que yo iba a picar piedra al Distrito Federal. Raúl respondió pues habrá que ayudarle. Y Raúl, “pues yo dijera”. 
Habla Paco de los políticos. Han venido todos los gobernadores. Nos han tratado muy bien los políticos. Al primero que vimos fue Álvaro Larrondo. Eso va a ser muy bonito para Querétaro, tú trabaja y yo te ignoro. Igual Nacho Paulín, tesorero de Camacho, que también nos ignoró. Y luego René Martínez. 
Hoy tenemos muchos grupos teatrales en Querétaro. 
-Los muchachos de La Carcajada, buenos amigos nuestros, se quejan de eso. No hay envidia. Coca y ellos hablan bien de nosotros. Hay muchos teatritos. Estamos rodeados, dicen. Son como 20. Está bien.
Hay auge cultural. Querétaro, es una ciudad culta. Al Corral acuden todos. La clientela, mitad y mitad de queretanos y turistas. Los de aquí vienen cuando tienen visitas. 
El récord lo tiene Se casó Tacho con Tencha la del Ocho, que está por cumplir 20 años y cuya celebración, subraya, se debe posponer por el Covid-19, como lo ha dispuesto la autoridad.
Y bueno, él sigue con sus planes que son ahora también los de los nietos e hijos, en ese orden. El Corral -este teatro clásico español con acento mexicano y queretano- se está modernizando, ya hasta tiene un bar muy bien puesto a la entrada y está considerando abrir unos locales al interior, al cabo que ya no es el Corregidor, ni Malcom, ni el papá de Tencha, ni Sancho Panza. Hoy a sus 85 años el primer actor de Querétaro está haciendo el mejor papel de su vida, el de Paco Rabell, esposo de Anita, papá, abuelo y bisabuelo.
Aquí está, como al principio, porque la función, sentencia, debe continuar… cuando la contingencia termine.

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