RAFAEL CARDONA / EL ENCONO EN TIEMPOS DE LA VÍA MEXICANA

EL CRISTALAZO

“…Si por ventura sobreviene un varón grave por su virtud y méritos, todos callan y le escuchan atentos, y con él sus palabras componen las voluntades y amansan las iras…”

Estas líneas han sobrevivido 2001 años,  y no han perdido su significado. Las compuso el inmortal Virgilio en el inicio de la era cristiana, y forman parte del libro primero de “La Eneida”.

“Un varón grave por su virtud” bastaba hace dos milenios para aplacar la ira, pero en el México de hoy o no tenemos a ese hombre o sus palabras, aun si poseyera tan lucientes prendas, sirven únicamente para exacerbar los ánimos y encender las hogueras de la furia de los unos en contra de los otros

Dos cosas no se habían visto de tal dimensión en estos casi dos años del gobierno de la Cuarta Transformación.

Una, la curiosidad o el interés por escuchar un  mensaje presidencial,  en los tiempos de la epidemia y, dos, un desencanto publicado de tan enorme magnitud. Obviamente se desencantaron  quienes no participaban del encanto, pero el tono y la furia de la respuesta o el comentario, me parece superlativo.

Me parece tan excesivo como el alegre pronóstico de terminar con la epidemia, no se sabe cuando ni cómo, tal si para ello se requiriera nada más la voluntad y la imaginaria fuerza de nuestra cultura y resistencia ante la adversidad,  y no tuviera beneficio más allá de salir a las plazas a darnos besos y abrazos, como si con la cercanía de los cuerpos se resolviera algún problema. Al contrario, se alza la curva de nacimientos en un país de excesiva demografía.

Pero el Señor Presidente insiste:

“…Consideramos que pronto se va a reactivar la economía. Es un nuevo modelo, no podemos seguir con lo mismo porque sería, entre otras cosas, un absurdo. El coronavirus lo que precipitó fue el derrumbe del modelo neoliberal en el mundo, eso ya no funciona, es otra realidad…”

Este párrafo de la conferencia matutina es muy importante porque desliza o exhibe la naturaleza de las acciones presidenciales en cuanto a la crisis. Quizá en estas palabras se explique lo del anillo al dedo y la alegría por encontrarse ante una buena y venturosa oportunidad.

¿Oportunidad para qué? Para instalar una nueva ideología.

El derrumbe del modelo neoliberal hace suponer una rápida sustitución del capitalismo contemporáneo. Frente a él, nuestro Señor Presidente le entrega al mundo un nuevo modelo de gestión de los asuntos públicos y la economía, el más público de los asuntos.

“…cuesta trabajo entenderlo, pero esta es la vía mexicana, es enfrentar las crisis con inversión pública para el desarrollo y el bienestar del pueblo, primero.

“Segundo, buscar el pleno empleo.

“Tercero, honestidad y austeridad republicana. Esa es la fórmula…”

Y ante ese nuevo enfoque para todo y para todas las cosas, el Señor Presidente habla hasta de las posibilidades de exportación de “la vía mexicana”.

“…Nosotros estamos pensando incluso, estamos pensando que va a ser un modelo a seguir… Para otros países, porque lo que estoy viendo es que se está derrumbando el modelo neoliberal, porque eso es lo que está pasando, o sea, el coronavirus precipitó la caída de un modelo fallido, por eso la crisis mundial en todo sentido.

“No es posible que afecte tanto una pandemia en lo económico, en lo social, porque afecta más de la cuenta una pandemia así, porque… se dejó de invertir en lo social, se privatizó la salud. Hay países que no tienen servicios públicos para la población, a ellos les pega más…”

En estas palabras se encuentra también la clave para un éxito futuro. Si el modelo neoliberal fue un fracaso, nadie garantiza el éxito (nunca logrado) de un modelo de subsidio a la pobreza, mientras se le retiran estímulos al dinero productivo.

La dádiva populista sólo produce gratitud gástrica (y a veces ni eso). Los planes de becas, siembra de papayos, atención al desvalido, enfermo o jodido,  forman una plausible política social, pero no son una política económica cuyo trípode debe ser producción, producción y más producción en un ámbito de libertad comercial.

Y hay tanta conciencia de este experimento, como para decir: “…Sí, claro (¿podría rectificar si no resulta?). Este es un método que siempre aplicamos, vamos corrigiendo, tenemos capacidad para rectificar, no caemos en la autocomplacencia, más cuando está de por medio el interés general, pero nosotros estamos optimistas y pensamos que esto es lo más conveniente…”

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