GRAN ANGULAR
El miedo en Oaxaca
El sacerdote Alejandro Solalinde, coordinador de la Pastoral Social de Movilidad Humana de la Diócesis de Tehuantepec, Oaxaca, y fundador del albergue de migrantes Hermanos en el Camino, en Ixtepec, recibió seis amenazas de muerte durante los recientes dos meses.
No son las primeras, pero nunca habían sido tantas en lapso tan breve, ni tan expresas, ni tan verbalmente violentas. Por eso se acogió a un protocolo de seguridad diseñado por la PGR, la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, Amnistía Internacional, las Brigadas Internacionales por la Paz y la propia Pastoral de la Movilidad del Migrante de la Conferencia del Episcopado Mexicano. Ese protocolo incluye la salida de México de Solalinde, al menos durante los próximos dos meses.
Solalinde, de 67 años, ya está de hecho en Chicago, donde participó como invitado especial en un encuentro binacional sobre migración, cultura y juventud, y asistirá al Congreso Nacional Latino que ahí se inauguró.
No desatenderá, sin embargo, el albergue Hermanos en el Camino de Ixtepec, donde da asistencia a los inmigrantes que atraviesan México en dirección al norte para ingresar ilegalmente a EU, decisión que desafía algunas de las amenazas recibidas como la del cierre o destrucción de ese centro. Su salida temporal del país abre un espacio a las Procuradurías General de la República y General de Justicia de Oaxaca para que encuentren y castiguen a quienes lo amenazan de muerte.
La denuncia de amenazas vinculadas con el trabajo de los Hermanos en el Camino desenmascara de alguna manera a sus presuntos autores: los grupos del crimen que operan el multimillonario negocio del tráfico de personas. Sus intereses han sido seriamente afectados por este sacerdote y activista que sacó a la luz el hallazgo de 70 cadáveres de migrantes ultimados en San Fernando, Tamaulipas, el 23 de agosto de 2010, episodio que es referente de la violencia en México contra ese grupo tan vulnerable por su calidad de indocumentado, pero que para el propio Solalinde es apenas la punta de ese iceberg. “Vienen cosas peores que San Fernando”, ha advertido en reiteradas ocasiones.
Sabe, pues, que las amenazas tienen el remitente del crimen organizado pero también de grupos que están al servicio de políticos influyentes. En ese sentido, en entrevista con este reportero responsabiliza al ex gobernador Ulises Ruiz de cualquier cosa que pueda pasarle. ¿Por qué?, se le pregunta. Responde: “Fui agredido durante todo el sexenio de Ruiz, siempre con la firma de la casa. Gabino Cué trata de cambiar las cosas, tiene buena voluntad, pero el aparato de Ulises está intacto”. Y es que ese aparato —que recibe multimillonarios beneficios del tráfico de personas— también tiene amenazados a otros activistas como el también sacerdote Wilfrido Mayrén Peláez, al pintor Francisco Toledo y a las defensoras de derechos humanos Betina Cruz y Alba Cruz Ramos.
Solalinde ironiza: “Las amenazas vienen de narcos y políticos, a veces cuesta trabajo diferenciarlos”. El caso es que el miedo se apodera de la gente sin que la administración de Cué haya podido hacer nada para contener asesinatos como los de los líderes de la Coordinadora de Pueblos del Valle de Ocotla Bernardo Vázquez Sánchez y Bernardo Méndez Vázquez o del dirigente magisterial Rafael Rodríguez Enríquez. Tampoco ha evitado desapariciones como la del profesor Carlos René Román o más de 600 plantones, marchas y bloqueos como los que se esperan a partir de ello con los maestros de la sección 22 del SNTE.
Instantánea
LAS MARCHAS. Resulta gratificante ver a los jóvenes salir a las calles a protestar pacíficamente y a hacer valer sus derechos políticos. Después del error de la Ibero de Peña Nieto y su partido, jóvenes de universidades privadas como la propia Iberoamericana, el Tec de Monterrey y el ITAM, marcharon y protestaron el viernes frente a instalaciones de Televisa en San Ángel y Santa Fe, en demanda de objetividad informativa. El sábado también se realizó la llamada marcha anti Peña Nieto con notable concurrencia en esta y otras ciudades del país. Los jóvenes, al repudiar a Peña, no externaron un respaldo explícito a algún otro candidato, por lo que no se justifica que la panista Josefina Vázquez Mota, con sus llamados a “tomar las calles” contra el candidato del PRI, haya querido “montarse” en la protesta como su promotora y beneficiaria del rechazo al candidato tricolor. Fue diferente el caso de AMLO, cuyos seguidores llenaron ayer el Zócalo de la ciudad de México en abierto respaldo al candidato del movimiento progresista. La semana que inicia veremos más y quizás más nutridas expresiones juveniles en un movimiento que parece haber “prendido” y que indudablemente crecerá. (rrodriguezangular@hotmail.com); (twitter: @RaulRodríguezC).



