EL CRISTALAZO SEMANAL
Dos son las características principales de una turba:
Una, el conjunto adquiere la inteligencia del menos inteligente de todos los amasados y dos, la cantidad nutre la cobardía y hace cometer a los amotinados, actos violentos cuya comisión no sería posible en lo individual.
Y aun cuando el ataque en pandilla debería ser un agravante (esto ya no es característica del rebaño enfurecido, sino de la autoridad disimulada), los agresores nunca son castigados. Los delitos son leves, en el mejor de los casos. No importa si trata del amotinamiento tepiteño con decenas de víctimas y apenas un puñado de recurrentes vándalos actualmente en vías de proceso o de estudiantes inconformes con una línea informativa de los medios de comunicación.
Lo peor es esta conducta frecuente e impune; no importa si hay leyes precisas para casos cuya comisión no tiene repercusiones políticas o los otros, como –por ejemplo– el acoso, el hostigamiento y la violencia física y gargajienta contra periodistas.
Hace apenas unos días, con la solemnidad de las cosas inútiles, el presidente de la República firmó el decreto de la ley para la Protección de Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas aprobada por la Cámara de Diputados el 30 abril 2012 y de cuya utilidad dudamos muchos desde un principio. Ahora lo hemos confirmado.
Dice la dicha ley:
“Artículo 1. La presente ley es de orden público, interés social y de observancia general en toda la República y tiene por objeto establecer la cooperación entre la Federación y las Entidades Federativas para implementar y operar las Medidas de Prevención, Medidas Preventivas y Medidas Urgentes de Protección que garanticen la vida, integridad, libertad y seguridad de las personas que se encuentren en situación de riesgo como consecuencia de la defensa o promoción de los derechos humanos, y del ejercicio de la libertad de expresión y el periodismo.
“Esta ley crea el Mecanismo de Protección para Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas, para que el Estado atienda su responsabilidad fundamental De proteger, promover y garantizar los derechos humanos.
“Artículo 2. Para los efectos de esta ley se entenderá por:
“Agresiones: daño a la integridad física o psicológica, amenaza, hostigamiento o intimidación que por el ejercicio de su actividad sufran las Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas”.
Luego el ordenamiento incurre en una prolija descripción de las medidas de protección y demás salvaguardas y cautelas. Tampoco sirven de nada, o al menos hasta ahora no han servido de nada.
“No están solos”, les dijo Felipe Calderón a los periodistas representados quien sabe por quiénes durante la firma del pomposo documento. Y no, no están solos. Al menos a Carlos Marín y a Ricardo Alemán, los rodeaban marchistas enfurecidos o pendencieros de ocasión, quienes los insultaban por el delito de escribir cuanto piensan y creen. Y no es culpa del gobierno calderonista, es la tradicional cobardía ante lo políticamente incorrecto; disolver las marchas.
En las manifestaciones de antes uno corría de los granaderos o de la montada. Hoy se hace preciso huir del vandalismo porrista disfrazado de conciencia estudiantil de la patria.
Revisemos esta crónica de Milenio:
“Justo en la esquina de Juárez y Balderas, un grupo de unos 50 seguidores de Andrés Manuel López Obrador, que participaron en su cierre de campaña presidencial, asedió, insultó y escupió al director general editorial de Grupo MILENIO, Carlos Marín.
“Tanto hombres como mujeres desviaron su camino hacia el Zócalo para seguir al periodista hasta las afueras de las instalaciones de MILENIO y en todo momento lo grabaron cuando le cuestionaron el presunto fraude electoral de 2006 y el que “trabaje para Televisa”.
“Yo no soy el IFE ni trabajo en Televisa, yo trabajo en MILENIO”, respondió el periodista.
Marín se encontró con ese grupo de personas que marchaba del Ángel de la Independencia hacia la Plaza de la Constitución, justo cuando se bajó de una motocicleta porque le fue imposible cruzar avenida Juárez. El periodista aseguró que siempre anda solo, que siempre camina tranquilo y que se puede parar en cualquier taquería de la calle (pues ya no, Carlos).
A Ricardo Alemán no lo increparon al toparse con una marcha. Le bastó caminar por la calle con su familia para ser agredido por los mismos o por algunos semejantes.
Obviamente el episodio puede quedar, como el propio Marín me dijo, en una página más de los gajes del oficio. Pero de ninguna manera es aceptable así se lo tome con buen humor y mejor talante.
“¡Lo que ustedes están haciendo nada tiene que ver con el movimiento de Obrador! Con Andrés Manuel tengo una relación honorable, decente y respetuosa, y lo que ustedes hacen es no tener ni puta idea de lo que es la izquierda”, respondió el periodista, y en medio de empellones siguió su camino a la redacción de MILENIO a lo largo de la avenida Balderas”.
El problema es simple: primero se ataca quienes escriben los periódicos; después se hará lo mismo con quienes los lean.
La República amorosa se exhibe de cuerpo entero.
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Cada día es más compleja la maraña de la balacera de policías federales en el Aeropuerto. No bastan los encendidos dicterios de Luis Cárdenas Palomino, el Jefe de la División Regional de la PFP (y jefe tanto de asesinos como de asesinados), ni tampoco el precio puesto a las cabezas de los “traidores”.
El problema es más hondo.
Ahora nos vienen a decir cómo funcionan los envíos, cómo se usan los baños para dejar paquetes con droga; cómo se sube y se baja con toda libertad;: cómo se meten maletas llenas de cocaína en los aviones de Aeroméxico en sucesivos viajes a Madrid, mientras las empresas de seguridad privada (Eulen por casualidad es española, como si aquí no hubiera quien revise un maletón), no dejan pasar ni un cortaúñas en la valija.
Y de todo este merengue el director del AICM, Héctor Velásquez, nada sabe y nada dice. Sólo tiene palabras para su autodefensa y su rotunda confesión de limpieza personal y honestidad en el servicio público. Tampoco debe saber cómo desviaron las cámaras del área donde fueron cometidos los asesinatos de policías. Misterio:
“Cabe señalar –dice el respetable y probo funcionario en una carta auto-apologética enviada a El Universal–, que en el recinto aeroportuario convive diariamente la administración del aeropuerto, con distintas autoridades, como la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, el Instituto Nacional de Migración,, la Secretaría de Gobernación, la Aduana, dependiente del Servicio de Administración Tributaria SAT, de la Secretaría de Hacienda, Sanidad internacional de la Secretaría de Salud, la Procuraduría General de la República, la PGJDF, POROFEPA, la SENASICA, la SAGARPA, entre otras. Cada autoridad desempeña sus labores en el ámbito de sus respectivas atribuciones”.
¡Cuánta belleza!, señor Velásquez.
Pero también sería bueno saber cómo entre tantas autoridades como conviven en ese edificio, queda espacio para la acción de los delincuentes quienes salieron como Pedro por su casa después de balear a los otros policías.
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Pero quizá ya no le quede tiempo a este gobierno para resolver el caso del aeropuerto narcotizado.
Quizá elucidar este misterio del aeropuerto rigurosamente vigilado por donde la droga cruza y circula y se comercializa como si fueran invisibles palomitas de maíz ya le toque al nuevo Procurador de la República quien, como todos sabemos (claro, de ganar el PAN las elecciones de mañana), será Don Felipe Calderón quien ha dado en este sexenio enormes muestras de valentía y coraje personal en la lucha contra el narcotráfico y la delincuencia en todas sus formas, expresiones, matices y sabores.
Bueno, eso siempre y cuando mañana por la noche doña Josefina Vásquez se alce con el triunfo. Sino, ya podrá Don Felipe irse buscando otra chamba a partir de diciembre.




