AYUDA DE MEMORIA
PRIMER TIEMPO: La guerra sucia, se lava en casa. Dicen los corderistas que su candidato es el bueno y que Ernesto Cordero ganará este domingo la candidatura presidencial en la primera vuelta de la elección panista. Que ya vieron a los 800 liderazgos del país en su cierre de campaña en el Distrito Federal, y a los gobernadores y al gabinete, casi en pleno, detrás de él. Los números de la elección le favorecerán, asegura Cordero con confianza. La pregunta es si las cosas están tan cinchas, ¿por qué desató su equipo una guerra sucia en contra de Josefina Vázquez Mota? Esta semana ha sido monumental el lodo que le han tirado. Cinco grabaciones de sus conversaciones telefónicas han circulado de una manera masiva, e incluyen una llamada personal con un priista connotado y con un general aspirante a ser secretario de la Defensa. También se ha involucrado al coordinador de su campaña Roberto Gil, en el escándalo de los 25 millones de pesos que decomisaron a empleados del gobierno de Veracruz, con la sugerencia de que eran recursos para la campaña de Vázquez Mota. En un texto que circula en redes, se establecen vínculos familiares –algunos incorrectos en nombres y lugares- de Gil con cercanos al gobernador Javier Duarte. Un esbozo de esto apareció ya en una columna política y el diputado lópezobradorista, Mario di Constanzo, lo llevó al pleno de la Cámara de Diputados. Tonto útil, al repetir el contenido de una tarjeta inspirada por Miguel Ángel Yunes, que opera para Cordero en Veracruz. La denostación del equipo de Cordero contra Vázquez Mota, no refleja ninguna confianza y contradice los dichos. A lo mejor, la victoria cincha no está tan cerca este domingo como la presumen.
SEGUNDO TIEMPO: Las heridas se ahondaron. El asunto del espionaje a su persona, que se arrastra tiempo antes de que se declarara aspirante a la Presidencia, mantuvo a Josefina Vázquez Mota desconcentrada. Estaba preocupada por lo que contuvieran y la forma como pudieran ser descontextualizadas o editadas. De ahí vino su pasmo durante una entrevista en radio con Pablo Hiriart y Ana Paula Ordorica, que cobró vida peyorativa en las redes sociales. Por esa razón se resistía a un segundo debate, pues pensaba que Ernesto Cordero lo utilizaría para airearlas públicamente. Todavía no empezaban a ser entregadas a periodistas, y ya habían causado zozobra en su equipo de campaña. Pero no era todo. Además de las grabaciones al teléfono de Vázquez Mota, existían otras de sus principales colaboradores, de gobernadores y de secretarios de Estado. O sea, el espionaje en todo su esplendor. Si uno revisa el contenido de varias de ellas, son insulsas y algunas ni siquiera tienen que ver con la precampaña presidencial. Quizás fue por eso que sólo prendió en los medios una de ellas, la conversación entre Vázquez Mota y el líder del partido, Gustavo Madero, sobre su resistencia al debate y calificaba a Cordero de “patán”. Gran sound bite el de la patanería, pero no mucha carne. El contenido de las grabaciones, de todas las que se conocen, son irrelevantes en la contienda por la candidatura y lo único que provocarían, dentro de la escuela del escándalo de los medios de comunicación, en mucho ruido, mucho polvo, mucho lodo y mucho descrédito público apoyado en aire. Esa era la intención y no funcionó. Sin embargo, esta guerra sucia azul sí cambió las cosas al interior del partido, que se resentirá cuando, después de la definición de la candidatura presidencial, vean cómo sanan las heridas.
TERCER TIEMPO: Luchas fratricidas, a costa del erario. El espionaje telefónico en contra de Josefina Vázquez Mota, fue denunciado ante la PGR por su coordinador de campaña Roberto Gil, para esclarecer quién autorizó su difusión y quién o quiénes las divulgaron. La PGR iniciará la investigación y como tantas otras sobre espionaje a políticos, se guardarán en un escritorio. Si nunca procedieron las investigaciones para determinar quién difundió las grabaciones secretas de Elba Esther Gordillo –en el sexenio de Vicente Fox-, y del gobernador Fidel Herrera –en el de Felipe Calderón-, que no pertenecían al partido en el poder, mucho menos podrá esperarse algún resultado en un caso donde están en guerra solamente panistas. Por el espacio de tiempo en que se realizaron las grabaciones, se puede inferir que forman parte del trabajo de contrainteligencia que desarrolla, por razones de seguridad nacional, el gobierno federal. Nadie debe asustarse de ello, pues alarmante sería que no lo hiciera. Lo que sí debería prender todos los semáforos de alerta y ponerlos en rojo, es quién tiene la capacidad para extraer esos materiales y quién da la orden que se utilicen, pues lo que se vulneran son los instrumentos necesarios para salvaguardar la seguridad nacional con un fin específico de política-electoral. ¿La candidatura presidencial vale tanto para alguien en el poder, que es capaz de demoler ese instrumento de inteligencia? Si es así, es alguien o esos alguienes son los primeros a quienes habría que mantener muy lejos del poder, pues si están dispuestos a hacerse entre ellos, dañar a alguien de afuera, ni insomnio les causará.
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