BAJO EL MICROSCOPIO
A MÍ NO ME GUSTA
La manera en que Grecia calificó, desarrollando el “antifutbol”, me deja con un mal sabor de boca…
No sé si les pasa igual a ustedes, estimados lectores de EL UNIVERSAL, pero de repente, ya no sé si reír, llorar o materialmente ponerme a rezar con lo que está ocurriendo con nuestro querido deporte.
Me explico. Mientras los obreros pululan, los artesanos cada día están más ausentes. Los rudos les están ganando la lucha a los técnicos. No solamente me frustra, sino que escapa a mi entendimiento, el hecho de que el futbol defensivo, rudimentario, resultadista, destructivo, “estratégico”, cada día con más frecuencia derrote a un balompié propositivo, vertical, creativo, abierto y verdaderamente espectacular.
No hace mucho tiempo fuimos testigos de cómo el Chelsea de Inglaterra se proclamaba campeón de la Champions venciendo en la gran final al Bayer Munich a domicilio y así levantar La Orejona que los acreditaba como la escuadra más poderosa del viejo continente, sin mencionar que también en las semifinales, con un futbol ratonero, había dejado en el camino al Barcelona, con toda su pléyade de estrellas.
Y esta reflexión viene a cuento, luego de ver que en la Euro 2012, que se está disputando en Polonia-Ucrania, cómo Grecia terminó eliminando a Rusia en la fase de grupos. Digo, durante la competencia, los soviéticos nos deleitaron con un futbol de excelencia, alegre, vistoso, jugando prácticamente de primera intención, yendo al frente, haciendo girar la esférica a una gran velocidad, fabricando múltiples ocasiones de gol, para que, en el partido importante, mordieran el polvo ante un equipo que se dedicó a destruir y por momentos hasta a ensuciar el partido, perdiendo tiempo en forma deliberada, fingiendo lesiones y practicando lo que en el bajo mundo se conoce como el “antifutbol”, porque no hay otra forma de llamarlo.
Para acabarla de amolar, ahora el primer criterio de desempate, que anteriormente era la diferencia entre los goles anotados y los recibidos, ha dado paso al “nuevo”, que consiste en que la igualada se romperá de acuerdo con el resultado directo entre los equipos involucrados, lo que me parece que termina por prohijar la mediocridad, o por lo menos, a reforzar los especulativos sistemas de juego. Baste mencionar que un equipo puede pasar a la siguiente ronda habiendo recibido quizá cuatro o cinco goles y anotando solamente uno; eso sí, en el momento adecuado.
Sí, presupuesto que estoy consiente que esto se gana con goles y aquel equipo que logra meterla en el arco rival es el ganador. Que existe algo que se llama la estrategia y que defenderse también es un arte. Sin embargo, que “el mal termine triunfando sobre el bien”… a mí no me gusta.
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