AUGUSTO ISLA / EL DESAFÍO

GOTA AGOTA 

La adversidad nos pone a prueba como seres humanos. Juzga nuestra aptitud para vencerla. Y también sentencia nuestra derrota cuando creemos estar por encima de ella. Cuando no la encaramos. Cuando nuestra soberbia narcisista no la reconoce y actuamos como si nada pasara. Y si es trágico cuando el problema es de los individuos, a mayor abundamiento si se trata de dirigentes políticos, como un irresponsable López Obrador que frente a la pandemia del coronavirus, festina una especie de inmunidad angelical, desoyendo todas las recomendaciones para evitar contagiar y ser contagiado. Pues creyendo lo afirmado por su vocero, Hugo López-Gatell, que su fuerza no es de contagio, sino moral, continúa sus correrías esparciendo sus humores donde le viene en gana: saludos de mano, besos, abrazos… para mantener en alto su popularidad. O en Palacio Nacional, en sus mañaneras irrenunciables, donde, o bien sostiene que el escudo contra la pandemia es la honestidad, o bien exhibe estampas del Sagrado Corazón, no tanto amuletos propios como una burla de la piedad popular: Perversa diversión de un líder que, pese a su proclama de “Primero los pobres”, acredita inevitablemente su ineptitud, por decir, su estulticia indignante, su capacidad de mentir, pues se ha atrevido a atribuirse la baja del precio del combustible, que cualquier ciudadano informado sabe que tal depreciación débese a la caída de los precios del petróleo.

Para colmo, en medio de nuestra desgracia, el señor convoca a una consulta en Mexicali para indagar si “la gente”, palabra favorita suya que es todo y nada, aprueba o no la instalación de una fábrica cervecera, la Constellation Brands. Lo prometió en campaña y lo ha cumplido en el peor momento. La consulta no vinculante, resultó, como todas sus consultas, una farsa, pues con solo el 3.5% del padrón, ha dado por ‘bueno’ un ‘no’ que tira por la borda 900 millones de dólares ya invertidos. Esta es su “democracia”, una radiante mentira, un sin sentido que acrecienta la desconfianza de la inversión privada que ya había demostrado la viabilidad hídrica: un capricho más so pretexto de que la empresa despojaría a la comunidad del agua para sobrevivir.

Así, el desafío no es solo a la pandemia, sino también a la economía del país. Se dice que la gloria es un olvido aplazado. ¡Qué poco ha durado la de este señor! Ahora no es más que el sepulturero que cava, incansable, la tumba de la 4T. San Bernardo se preguntaba: “¿Qué es la gloria de este mundo? Sombra que huye, espuma que se deshace, flor que se marchita”.

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