ANDRÉS GARRIDO DEL TORAL / EL QUERÉTARO INDIO Y MESTIZO

QUERETALIA

En los primeros años -a partir de su fundación- el nombre oficial del nuevo poblado fue el de “Pueblo de Indios de Querétaro”, así como se lee y se oye, sin agregar el “de Santiago”, lo que sucedería hasta la creación de la categoría de ciudad otorgada por el rey de España en 1655-1656.

Una vez pacificada la región queretana entre 1531 y 1538, La Cañada fue insuficiente para dar alojamiento a los más de cuatrocientos indígenas que allí se asentaron antes y después de la mal llamada Conquista de Querétaro. Es por ello que Fernando de Tapia y el urbanista Juan Sánchez de Alanís deciden trasladar el poblado al cerro de “Los Molinos de Carretas”, donde actualmente se encuentran fraccionamientos de lujo como Loma Dorada y Milenio III. Esta versión del traslado de La Cañada a Las Carretas del poblado queretano no se encuentra registrada en ningún documento original del siglo XVI, solamente en historias orales indígenas recogidas por Valentín Frías y el relato y conclusiones que hace el historiador guanajuatense Wigberto Jiménez Moreno, que subraya la fundación en La Cañada en 1531 y el traslado a Las Carretas en 1538, además de que el documento denominado “Acta de Fundación del pueblo de Querétaro” convalida en octubre de 1537 la fundación de hecho ocurrida en 1531, como también lo argumenta el doctor Carlos Arvizu García. Se cuenta que el terreno de Las Carretas fue muy cenagoso e inconveniente para un asentamiento definitivo, por lo que Juan Sánchez de Alanís propuso la reubicación del poblado en el valle queretano a partir de lo que hoy es el templo y convento de San Francisco, todo ello a partir de 1550. El muy científico historiador Jiménez Gómez destaca que “no hay pruebas concretas que nos indiquen cuándo se trazó el asentamiento hacia el lado oeste del cerro de El Sangremal, eclipsando así a La Cañada y como el centro de Querétaro. Posiblemente fue en la década de 1540-1550”. Para este autor el desplazamiento hacia Las Carretas ni siquiera está comprobado.

El trazo más o menos definido de la hoy ciudad de Santiago de Querétaro comenzó aproximadamente en 1548 debido al descubrimiento de las minas de Zacatecas y la apertura de caminos y construcción de carretas hechas por Sebastián de Aparicio. Este trazado urbano se inició a partir del predio que albergaría el templo y convento de San Francisco, en un primer período que va de 1531 a 1551 y que fue hecho por los caciques otomíes fundadores del pueblo junto con los franciscanos de Acámbaro, quienes realizaron una traza primaria lineal de una sola calle que, partiendo del Río Blanco (hoy Querétaro), corría en forma perpendicular hasta llegar a la plaza de San Francisco (hoy calle Juárez norte). A esta arteria convergían otras perpendiculares que serían continuadas posteriormente.

Dice Jaime Vega que estas características, por su falta de definición, la ausencia de una retícula definida por líneas rectas y carentes de dimensiones constantes en su estructura, derivan en su esencia prístina de pueblo de indios, transformado rápidamente en pueblo de españoles.

La segunda etapa de la traza de la hoy ciudad se dio hacia 1550, cuando se tomó posesión en nombre del rey de España del sitio donde se fundó Querétaro, procediéndose a realizar la traza formal siguiendo la costumbre –que después se hizo ley- de hacerla en forma de damero con calles anchas y manzanas regulares. Por las condiciones topográficas de Querétaro, esta disposición no se observó estrictamente. La traza de 1550 es atribuida a Juan Sánchez de Alanís, un antiguo mozo de Francisco Hernández Bocanegra, principal de Acámbaro, llegado a la zona en 1529 para negociar con Fernando de Tapia –el cacique fundador- la fundación del nuevo pueblo de indios de Santiago de Querétaro.

El trazado en forma de juego de ajedrez imaginado por Juan Sánchez de Alanís dista mucho de haberse hecho realidad, ya que las arterias queretanas distan mucho de seguir la continuidad lineal de otras ciudades novohispanas, al igual que las diferentes manzanas que integran la retícula no mantienen tampoco sus dimensiones permanentes, pareciendo que como si cada manzana, cada calle, hubieran sido trazadas por separado, independientemente unas de otras, con el simple propósito –sin conseguirlo- de buscar la línea recta. Para Carlos Arvizu, la definición de las hoy calles y manzanas de Querétaro fue obra de la precisión que dio la casualidad. No existe una sola calle del casco antiguo que conserve la línea recta. Claro que el trazado hispano es más regular que el trazo realizado por los caciques indios en los barrios de la República de Indios.

Hasta el año de 1551 Santiago de Querétaro se caracterizó por haber sido habitada exclusivamente por población indígena. Con la apertura del Camino Real a la Tierra Adentro, derivado del descubrimiento de las zonas mineras de Zacatecas y posteriormente de Guanajuato, comienzan a asentarse los primeros españoles, con el fin de proteger de los ataques chichimecas a las conductas de oro y plata. Este hecho originó que Querétaro fuese paso obligado entre el centro y el norte del país, lo que permitió la convivencia entre indios y españoles, suceso que determinó para siempre su historia como ciudad mestiza.

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